“Teatros. Coliseo del Príncipe. La presumida y la hermosa, de don Fernando de Zárate”
- Autor del texto editado
- Olive, Pedro María de]
- Título de la obra
- Minerva o El revisor general, t. VI, nº 35, 1807-05-01
- Autor de la obra
- Olive, Pedro María de (dir.)
- Edición
- Madrid:
Imprenta de Vega y Compañía,
1807
- Paginación
- pp. 67-72
Fuentes
Información técnica
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
TEATROS
Coliseo del Príncipe
La Presumida y la Hermosa, de don Femando de Zarate
Con muy poco trabajo podía hacerse arreglada esta comedia, la cual, tal como es, tiene bastante mérito. Finge el autor dos hermanas llamadas Leonor y Violante; la primera es presumida de discreta, y la segunda, de hermosa, retratándolas en estos términos el gracioso Chocolate:
Doña Leonor de Guzmán,
que así dicen que se llama
la que pretendes, es dama,
pero dama sin galán.
Tiene de renta segura, [5]
por los días de su cara,
si el tiempo no lo cobrara,
dos ducados de hermosura.
Es de superior esfera
y, aunque, muy devota, trata [10]
con una y otra beata,
nunca ha admitido tercera.
Si con damas de gran nombre
juega por conversación,
ha de ser con condición [15]
que no han de jugar al hombre.
Llámanla la presumida,
y algunos, la recoleta;
tiene tanto de discreta
como de bien entendida. [20]
Si la hablan, con razón,
de que ha de tomar estado,
en nombrándole al velado,
le da mal de corazón.
Tiene de dote contados, [25]
por caja del testamento,
sospecho que no te miento,
sus cuarenta mil ducados.
Desde que murió su tía,
que fue una santa mujer, [30]
dice que monja ha de ser,
y nunca llega este día.
DoñaViolante, su hermana,
echa por otro camino,
pues con un rostro divino [35]
se precia de más humana.
Dale notable disgusto
cuando la dicen, celosa,
que su hermana es más hermosa;
es loca de lindo gusto, [40]
y, por que mejor se crea
su locura singular,
estuvo para olear
porque la llamaron fea.
Ya sabemos que don Juan está enamorado de doña Leonor; y para lograr su intento discurre el gracioso fingirse es don Diego, hermano de las dos damas, que a la sazón se halla cautivo, y ellas no pueden conocerle, porque partió a Flandes teniendo solos siete años de edad: así se ejecuta, y don Juan se aloja también en la casa como hermano de don Diego; y ya se entiende que nadie le conoce y ni aun su propia dama.
Al instante que el fingido don Diego se introduce en la casa, dice que tiene tratado el casamiento de Leonor con don Juan, y empieza el enredo, pues las dos hermanas se enamoran de él; y tienen, además, dos galanes bien o mal correspondidos, para que con esto haya los indispensables escondites, celos, engañifas, disputas y quimeras, y el buen Chocolate, por no estar ocioso, ejerce las acostumbradas habilidades de criados, enamorando a la criada y enquillotrándola, engañando y estafando a los dos amantes antiguos de sus dos supuestas hermanas.
Todo va muy bien, y don Juan es muy finamente correspondido de Leonor, cuando se aparece el verdadero don Diego; pero el mañoso Chocolate halla astucia para llevarle a otra casa y tenerle allí oculto, por causa de una quimera que tuvo al entrar en Sevilla, que es el lugar de la escena; y con esto hay otro sin número de enredos capaces de formar mil distintas comedias; en fin, termina, como todas, en desafíos y casamientos, logrando don Juan la mano de Leonor, y el gracioso, la de la criada.
Merece notarse el culteranismo de Leonor, más particularmente en estas expresiones:
Don Diego, mi gravedad,
mi prudencia y discreción,
son los polos de mi sangre,
los ejes de mi valor,
los atlantes de mi fama [5]
y luces de mi opinión;
mi científica cordura
amplifica mi candor,
y a los vulgares conceptos,
el ente de mi razón [10]
no se inclina, porque tengo
ideas que en el fulgor
de mi espíritu producen
luces, si tinieblas no...
Y en otra parte:
Leon.
Como la hallé poco sabia,
no me di por entendida.
Viol.
¿Pues no se mostró sapiente
en cualquier definición?
Leon.
Fáltale la indicación [5]
por el acto indiferente,
y cuando habló del amor,
crítica espuma del mar,
no supo bien transformar
los lustros del amador; [10]
porque el amante ideal
que la intensa luz amó
ente de razón formó
en rayo piramidal.
Viol.
¿No hizo la definición [15]
del amor?
Leon.
No supo hacella,
porque es celestial estrella
la luciente elevación;
fuera de que los diluvios
que forman los ideales [20]
son fulgores actuales
y platónicos preludios.
Don Juan no la cede en tanta cultura, haciendo los dos retórica competencia en la siguiente culta algarabía:
Viol.
Señor don Juan ¿no llegáis?
Juan.
A vista del sol y el alba
se brujulean las luces,
que, como rayos se exhalan,
perpendicular la vista [5]
padece eclipse en el alma.
No sé apropincuar fulgores
a materia vinculada
en terrestre oposición;
porque la flamante llama [10]
destila, si no alambica,
porque toda esfera opaca,
cambiantes etnas febeas
que los vitales abrasan.
Viol.
¿Oyes, hermana? Responde [15]
a esas críticas palabras.
Leon.
Distinguid, señor don Juan,
de esta retórica intacta
quien es el alba y el sol,
porque cuando se levanta [20]
de la cuna de la aurora
la deifica luz es clara
consecuencia visual
que el alba, nevado mapa,
cadáver de cristal muera [25]
en monumentos de plata;
y, así, en crepúsculos rizos,
donde se angelan las claras
pavesas del sol, es fuerza
que el sol brille, y fine el alba. [30]
Juan.
Señora, vos sois e1 astro
que da el fulgor a Diana;
y Violante es el candor,
que se deriva del aura.
Y, si el candor matutino [35]
cede la náutica brasa
al Zodíaco austral,
palustre será la parca,
avasallando las dos
a las ráfagas del alba. [40]
Por lo cual, con mucha razón replica el gracioso:
Vive Cristo. ¿Somos indios,
pues de esta suene se habla
entre cristianos? Por vida
de la lengua castellana,
que, si mi hermana habla culto, [5]
que me oculte de mi hermana
al inculto barbarismo,
o a las lagunas de Parla
o a la nefrítica idea;
y, si algún critico trata [10]
morir en pecado oculto,
Dios le conceda su habla,
para que confiese a voces
que es castellana su alma.