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Prensa y canon

“Teatros. Coliseo del Príncipe. El amor al uso, de don Antonio de Solís”

Autor del texto editado
Olive, Pedro María de]
Título de la obra
Minerva o El revisor general, t. VI, nº 36, 1807-05-05
Autor de la obra
Olive, Pedro María de (dir.)
Edición
Madrid: Imprenta de Vega y Compañía, 1807
Paginación
pp. 76-79
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Transcriptor: Elena Cano Turrión
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 1 febrero 2024

TEATROS

COLISEO DEL PRINCIPE.

El amor al uso, de don Antonio Solís


Si Calderón no hubiese apurado todos los lances de enredos, escondites y tapadas, y agotado cuanto ingenio cabe en esta parte, habríamos de alabar la habilidad del autor de la presente comedia en haberla sabido enredar con tal arte y maestría; pero el compararle con Calderón creo no sea mediano elogio. Nótanse los mismos defectos y las mismas bellezas; el mismo ingenio y culteranismo; la misma gracia y chiste; damas tan disolutas, galanes tan atrevidos y pendencieros, criados tan alcahuetes y bribones; pésima moral, pero fiel y exacta pintura de las costumbres de aquellos tiempos.

El asunto de esta comedia se reduce a un don Gaspar, galán de moda, que trae enredadas dos damas y una criada; y doña Clara, que viene a hacer lo mismo con tres galanes; entre estos seis personajes resultan muchos amores encontrados, equivocaciones, engaños, escondites y enredos demasiado complicados y no muy verosímiles, hasta que cada uno viene a casarse con su dama, y don Gaspar con doña Clara, como es justo. Todos los caracteres están bien sostenidos, pero estos principalmente, y tienen cierta novedad y gracia.

Hay mucha discreción en el lenguaje de esta comedia, pero por no ser molestos solo citaremos dos pasajes, que pintan, además, los caracteres de los principales personajes, y el objeto de la comedia.

Así se retrata sí misma doña Clara y pinta el amor cual ella lo entiende.

Aunque ves mi condición
tan galante y esparcida,
te prometo que en mi vida
he dado esta permisión,

si no es solo a don Gaspar, [5]
que, por hablar de buen gusto
alguna noche, este susto
he querido atropellar;

y esto no es quererle yo,
que eso de que amor engaña, [10]
abrasa y rinde es patraña,
que algún ocioso inventó.

Amor es duende importuno,
que al mundo asombrado trae;
todos dicen que le hay, [15]
y no le ha visto ninguno:

¿A quién no causa fastidio
esta pasión amorosa,
no siendo amor otra cosa
que una fábula de Ovidio? [20]

¿Y qué importa que se nombre
amor este devaneo,
si es confirmar el deseo
y luego mudar el nombre?

¡Válgate Dios por dolencia [25]
no acabada de entender!
¿Es esto más de creer
que está allí mi conveniencia?

¿No tira la voluntad,
geómetra. superior, [30]
todas las líneas de amor
al punto comodidad?

Yo no sé si a mí me tiene
ciega en lo que me aconseja,
pero bien sé que me deja [35]
mirar lo que me conviene.

Y si está en mi pecho fiel
algo más privilegiado,
es don Gaspar, que he hallado
más conveniencias en él; [40]

porque el querer con fervor
a otro es amor impropio,
y así solo el amor propio
viene a ser el propio amor.

Juana. Eso, señora, ¿quién puede [45]
negarlo, siendo tan justo
y cosa de tan buen gusto
esto del amor adrede?

Clara. Ya no hay quien no quiera así
y en lo más cierto se da, [50]
y todos lo afectan ya,
nadie llora para sí.

No hay cosa para este aliento,
no afligir el corazón,
gastar la respiración [55]
en suspiros para el viento.

Perezca el gemir confuso,
falte el suspirar perplejo,
muera el amor a lo viejo,
y viva el amor al uso. [60]


Don Gaspar lo pinta por su parte en estos términos:

Acreditar sin pena una pasión,
perder miedo y cariño a la beldad,
hacer su voluntad sin voluntad,
suspirar sin dar cuenta al corazón,

no matarse en pasando la ocasión, [5]
llorar en ella por curiosidad,
formar de una mentira una verdad,
hacer de una palabra una razón,

mudar de sitio en el primer vaivén,
arrojar los pesares por ahí, [10]
recibir los favores al desdén.

Y, en fin, para acabar de estar en sí,
querer a todas las mujeres bien,
y mal a cada una de por sí.


Este, Ortuño, es el amor
que se usa.

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