“Teatros. Coliseo del Príncipe. El amor al uso, de don Antonio de Solís”
- Autor del texto editado
- Olive, Pedro María de]
- Título de la obra
- Minerva o El revisor general, t. VI, nº 36, 1807-05-05
- Autor de la obra
- Olive, Pedro María de (dir.)
- Edición
- Madrid:
Imprenta de Vega y Compañía,
1807
- Paginación
- pp. 76-79
Fuentes
Información técnica
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
TEATROS
COLISEO DEL PRINCIPE.
El amor al uso, de don Antonio Solís
Si Calderón no hubiese apurado todos los lances de enredos, escondites y tapadas, y agotado cuanto ingenio cabe en esta parte, habríamos de alabar la habilidad del autor de la presente comedia en haberla sabido enredar con tal arte y maestría; pero el compararle con Calderón creo no sea mediano elogio. Nótanse los mismos defectos y las mismas bellezas; el mismo ingenio y culteranismo; la misma gracia y chiste; damas tan disolutas, galanes tan atrevidos y pendencieros, criados tan alcahuetes y bribones; pésima moral, pero fiel y exacta pintura de las costumbres de aquellos tiempos.
El asunto de esta comedia se reduce a un don Gaspar, galán de moda, que trae enredadas dos damas y una criada; y doña Clara, que viene a hacer lo mismo con tres galanes; entre estos seis personajes resultan muchos amores encontrados, equivocaciones, engaños, escondites y enredos demasiado complicados y no muy verosímiles, hasta que cada uno viene a casarse con su dama, y don Gaspar con doña Clara, como es justo. Todos los caracteres están bien sostenidos, pero estos principalmente, y tienen cierta novedad y gracia.
Hay mucha discreción en el lenguaje de esta comedia, pero por no ser molestos solo citaremos dos pasajes, que pintan, además, los caracteres de los principales personajes, y el objeto de la comedia.
Así se retrata sí misma doña Clara y pinta el amor cual ella lo entiende.
Aunque ves mi condición
tan galante y esparcida,
te prometo que en mi vida
he dado esta permisión,
si no es solo a don Gaspar, [5]
que, por hablar de buen gusto
alguna noche, este susto
he querido atropellar;
y esto no es quererle yo,
que eso de que amor engaña, [10]
abrasa y rinde es patraña,
que algún ocioso inventó.
Amor es duende importuno,
que al mundo asombrado trae;
todos dicen que le hay, [15]
y no le ha visto ninguno:
¿A quién no causa fastidio
esta pasión amorosa,
no siendo amor otra cosa
que una fábula de Ovidio? [20]
¿Y qué importa que se nombre
amor este devaneo,
si es confirmar el deseo
y luego mudar el nombre?
¡Válgate Dios por dolencia [25]
no acabada de entender!
¿Es esto más de creer
que está allí mi conveniencia?
¿No tira la voluntad,
geómetra. superior, [30]
todas las líneas de amor
al punto comodidad?
Yo no sé si a mí me tiene
ciega en lo que me aconseja,
pero bien sé que me deja [35]
mirar lo que me conviene.
Y si está en mi pecho fiel
algo más privilegiado,
es don Gaspar, que he hallado
más conveniencias en él; [40]
porque el querer con fervor
a otro es amor impropio,
y así solo el amor propio
viene a ser el propio amor.
Juana. Eso, señora, ¿quién puede [45]
negarlo, siendo tan justo
y cosa de tan buen gusto
esto del amor adrede?
Clara. Ya no hay quien no quiera así
y en lo más cierto se da, [50]
y todos lo afectan ya,
nadie llora para sí.
No hay cosa para este aliento,
no afligir el corazón,
gastar la respiración [55]
en suspiros para el viento.
Perezca el gemir confuso,
falte el suspirar perplejo,
muera el amor a lo viejo,
y viva el amor al uso. [60]
Don Gaspar lo pinta por su parte en estos términos:
Acreditar sin pena una pasión,
perder miedo y cariño a la beldad,
hacer su voluntad sin voluntad,
suspirar sin dar cuenta al corazón,
no matarse en pasando la ocasión, [5]
llorar en ella por curiosidad,
formar de una mentira una verdad,
hacer de una palabra una razón,
mudar de sitio en el primer vaivén,
arrojar los pesares por ahí, [10]
recibir los favores al desdén.
Y, en fin, para acabar de estar en sí,
querer a todas las mujeres bien,
y mal a cada una de por sí.
Este, Ortuño, es el amor
que se usa.