Volver a los resultados

Prensa y canon · Polémicas

“Conjeturas sobre el fundamento que pudo tener la idea que dio origen a la patraña de El Buscapié (Continuación)”

Autor del texto editado
Barrera y Leirado, Cayetano Alberto de la (1815-1872)
Título de la obra
Revista de ciencias, literatura y artes, t. III, 1 de enero de 1856
Autor de la obra
Cañete, Manuel (dir.); Fernández Espino, José (dir.)
Edición
Sevilla: Francisco Álvarez y compañía, 1856
Paginación
pp. 209-220
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de Google Libros. (texto completo)
Información técnica
Editor: Isabel Román Gutiérrez
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
Este documento sigue los criterios y lenguaje cifrado de TEI http://www.tei-c.org/About/website.xml
Córdoba, 17 abril 2026

Conjeturas sobre el fundamento que pudo tener la idea que dio origen a la patraña de El Buscapié

(Continuación)


Se ha creído que Cervantes, en la aventura de la prisión de don Quijote y Sancho, segunda del ingenioso drama de la muerte y resurrección de Altisidora, con su imponente aparato funeral, y de la sentencia penitencial de Sancho, dada por los jueces infernales, había envuelto una fina sátira de los autos y procedimientos de la Inquisición. Sostuvo con empeño y con su acerba pluma don Antonio Puigblanch esta opinión en el año de 1811, la refutó Clemencín, y ha vuelto a sostenerla don Adolfo de Castro. Pudiera traerse en su apoyo el sentido de aquella frase que soltó Cervantes en la reprimida contestación que dio al falso Avellaneda (prólogo de la Segunda Parte): «He sentido también (dice) que me llame envidioso, y que como a ignorante me describa qué cosa sea la envidia; que, en realidad de verdad, de dos que hay, yo no conozco sino a la santa, a la noble y bien intencionada, y siendo esto así, como lo es, no tengo yo de perseguir a ningún sacerdote, y más si tiene por AÑADIDURA ser familiar del Santo Oficio» 1 .

Es digna, por último, de ser apuntada, entre las conjeturas más fundadamente hechas acerca de las alusiones del Quijote, la del señor Navarrete, largamente referida en el texto mismo de la Vida de Cervantes, sobre la singular aventura del cuerpo muerto, conducido a deshora por los andurriales de Sierra Morena con acompañamiento de encamisados, que ciertamente puede ser una disfrazada pintura de la traslación que sufrieron los restos mortales del insigne san Juan de la Cruz desde Úbeda a Segovia en el año de 1591.

A estas calculadas alusiones del Quijote a determinadas personas y a sucesos verdaderos deben agregarse las que Cervantes hizo a la suya y a sus propios e insignes hechos durante el cautiverio en la novela del Cautivo con que adornó la Primera parte del ingenioso hidalgo.

Para complemento y epílogo de esta reseña, juzgo que tendrán aquí muy oportuno lugar las discretas reflexiones que el digno biógrafo de Cervantes, el citado señor Navarrete, estampó relativamente a estas cuestiones en los párrafos 109 y 182 de la parte primera de su trabajo biográfico.

«...Como.... la variedad y naturaleza de las aventuras, episodios e incidentes de la fábula (del Quijote, dice) ofrecían tan espacioso campo para criticar y reprender los vicios y preocupaciones más comunes en la sociedad, procuró (Cervantes) llenar este fin secundario con laudable celo y discreto donaire y con alusiones a sucesos o personas recientes, para que siendo mayor la curiosidad e interés, fuese también más eficaz el remedio..., aunque sin lastimar ni herir abiertamente el amor propio de los que se contemplasen reprendidos o censurados por el tono gracioso y aire caballeresco con que estaba cubierta y templada la reprensión o la censura; de cuyo ingenioso modo de corregir y censurar los vicios nació el concepto de agudísimo con que calificaba a Cervantes su coetáneo Manuel de Faria y Sousa, añadiendo con referencia al Quijote que apenas tiene acción perdida o acaso, sino ejemplar o abierta o satírica o figuradamente; como lo demuestra analizando el gobierno de Sancho y como el señor Pellicer y el doctor Bowle lo han declarado en varios lugares de sus comentarios y anotaciones. Su crítica (en la Segunda Parte del Quijote) fue más general y de objetos más nobles e importantes; pues aun en el gobierno de Sancho, que entonces se tachó de inverosímil, no solo quiso manifestar, como asegura su coetáneo Faria, la errada y ridícula elección de sujetos que generalmente se notaba para los ministerios superiores, sino la que en particular hacían los virreyes y comandantes de Italia, proveyendo los gobiernos y otros destinos de consideración en gente sin calidad, sin instrucción, sin buenas costumbres...: observación práctica hecha por el mismo Cervantes en aquel país..., la cual es por esto (añade Faria) tan verosímil como cierto haber muchos Sanchos Panzas en tales gobiernos; y de esta manera escriben y piensan y reprenden los grandes hombres. Otras impugnaciones hay más detenidas, aunque disfrazadas con un velo muy delicado, por ser de tal naturaleza, que podían acarrearle persecuciones en descrédito de su religiosidad y patriotismo. Quien lea con atención las aventuras de la cabeza encantada; del mono adivino; la inopinada y silenciosa prisión de don Quijote y Sancho por los criados del duque, el fingido funeral de Altisidora..., comprenderá fácilmente que encierran alusiones misteriosas que no le era lícito desenvolver, y que, pudiendo ser entendidas de los más discretos y perspicaces, estaban solo fuera de la comprensión de los necios o preocupados que, o por partidarios de Avellaneda o por otras causas, podían contribuir a manchar su buen nombre y reputación».

El señor Navarrete, aunque escribiendo en tiempos nada favorables para la emisión libre de un juicio crítico demasiado profundo sobre el espíritu de la obra de Cervantes, ya dejó entrever que el suyo debía de estar inclinado a mirarla bajo un aspecto más grave de lo que en ella indican las apariencias.

Verdaderamente, la opinión que, considerando en el Quijote un elevado objeto social, han expuesto al tratar de esta obra los que juzgan con sano criterio y libertad de pensamiento se halla probada a cada paso por su propio contexto. Pero Cervantes, al mismo tiempo que disfrazó prudentemente su idea, dejó consignadas ciertas indicaciones hechas con admirable destreza que revelan en su obra un designio de grave importancia, que no se hallaba al alcance de la mayoría de los lectores, ni fue percibido de los doctos, exclusivamente fijos en considerarla como una invectiva literaria. De estas indicaciones, las que más particular estudio merecen son las que se observan en aquellos versos dirigidos por Cervantes «al libro de don Quijote», a ejemplo de los que en igual caso escribieron Horacio y Ovidio y nuestro ingenioso Juan Bautista de Loyola, y no sin alusiva significación a su oculto sentido, puestos en boca de la misteriosa maga y profetisa del Amadís de Gaula, Urganda la Desconocida.

Sobre estos versos hizo Pellicer algunas curiosas declaraciones, y aun cuando creyó leer en ellos que su autor no era docto, ni el libro científico, ni las alusiones satíricas de este escritas con objeto determinado o dirigidas a ventana conocida (por más —añadió— que las interpreten los curiosos), vino al fin a opinar que Cervantes los puso en labios de Urganda por lo que tienen de oscuro y misterioso. Clemencín negó que el autor hubiese querido motejar en ellos al duque de Lerma, según pensaban algunos; y, no encontrando el motivo de haber sido fingidos obra y alocución de Urganda, acabó por confesar que ni entendía sus pensamientos, ni hallaba en ellos otra cosa que oscuridad, confusión y tinieblas.

Consta esta composición de siete décimas en versos cortados por la última sílaba, juguete métrico inventado, a lo que parece, por Cervantes, y que en algún modo contribuye a la oscuridad de su significación. Copiadas en su propia forma, como lo hizo Pellicer, se prestan mucho mejor al análisis.


AL LIBRO DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA, URGANDA LA DESCONOCIDA

Si de llegarte a los bue-
libro, fueres con letu-,
no te dirá el boquirru-
que no pones bien los de-.
Mas si el pan no te se cue-
por ir a manos de idio-,
verás de manos a bo-
aun no dar una en el cla-,
si bien se comen las ma-
por mostrar que son curio-.


Principia Urganda hablando con el libro, aunque luego más delante personifica en él a su autor:

Si de llegarte a los buenos,
libro, fueres con letura…


Ir con letura: ir con detenimiento, con cuidado; como el que lee y va saboreando y analizando el sentido de lo que lee. Llegarte a los buenos: pone Cervantes en contraposición de los idiotas, no a los doctos o discretos, sino a los buenos.

No te dirá el boquirrubio
que no pones bien los dedos.


Refiérese aquí no tanto a la perfección de la obra como a la prudencia y al delicado tacto con que está escrita.

Mas si el pan no te se cuece
por ir a manos de idiotas,
verás de manos a boca
aun no dar una en el clavo...


Dar una en el clavo y ciento en la herradura equivale a comprender, acertar, explicar, decir bien una sola idea o palabra entre ciento. Cervantes, con agudo y estudiado sentido, quiso indicar que los idiotas ni aun comprenderían una sola de las profundas ideas que su libro encerraba.

Si bien se comen las manos
por mostrar que son curiosos.


Estos dos versos completan con mucha gracia y naturalidad la indirecta significación de los anteriores. En ellos nos pinta a los lectores de menguado cerbelo en aquel ademán que suele hacerse por un movimiento maquinal cuando se cavila o medita profundamente: mordiéndose las manos, para mostrar la curiosidad con que se afanarían por comprender la obra.

Y pues la experiencia ense-
que el que a buen árbol se arri-
buena sombra le cobi-,
en Béjar tu buena estre-
un árbol real te ofre-
que da príncipes por fru-,
en el cual florece un du-
que es nuevo Alejandro Ma-:
llega a su sombra, que a osa-
favorece la fortu-.


Esta osadía significa tal vez algo más que el atrevimiento necesario para dedicar un libro.

De un noble hidalgo manche-
contarás las aventu-,
a quien ociosas letu-
trastornaron la cabe-;
damas, armas, caballe-,
le provocaron de mo-
que cual Orlando furio-,
templado a lo enamora-,
alcanzó a fuerza de bra-
a Dulcinea del Tobo-.

No indiscretos hieroglí-
estampes en el escu-,
que, cuando es todo figu-,
con ruines puntos se envi-.
Si en la dirección te humi-
no dirá mofante algu-
que D. Álvaro de Lu-,
que Aníbal el de Carta-,
que el rey Francisco en Espa-,
se queja de la fortu-.


Después de hablar Cervantes del objeto ostensible de su libro, alude a los emblemas y divisas que los autores solían poner al frente de los suyos, cifrando en ellos el intento o espíritu de la obra.

No indiscretos hieroglíficos
estampes en el escudo...


Encubre su idea con la aparente referencia que hace al escudo de don Quijote, y califica de indiscretos los jeroglíficos que en él pudiera estampar, porque

cuando es todo figuras
con ruines puntos se envida.


Tales figuras con pocos puntos que el texto ofreciese de atrevido discurso podían declarar su pensamiento. La segunda parte de esta misma décima es la menos comprensible de la composición:

Si en la dirección te humillas
no dirá mofante alguno
que Don Álvaro de Luna,
que Aníbal el de Cartago,
que el Rey Francisco en España
se queja de la fortuna.


La oscuridad de esta décima y la cita en ella del antiguo privado Luna han dado ocasión a algunos para sospechar que en estos versos se alude y moteja al duque de Lerma, sospecha que carece de todo fundamento lógico y ha sido con mucha razón impugnada por Clemencín. La interpretación de Pellicer dice así: «Se queja de la fortu-: otro aviso para que se muestre modesto y no se precie de sabio, temiendo los insultos de los doctos y escarmentando en la propia satisfacción que tuvieron de sí mismos don Álvaro de Luna, que fue degollado..., etc.». Lo cierto es que en esta décima copió Cervantes un pensamiento y casi literalmente cuatro versos de una composición de otra pluma y de fecha muy anterior. Fray Domingo de Guzmán, que muy probablemente fue el hijo del famoso poeta Garcilaso de la Vega, y que en el siglo se llamó don Francisco Laso de la Vega, puesto que consta que este hijo de Garcilaso se declaró competidor y adversario del insigne fray Luis de León, compuso una glosa crítica de las célebres quintillas del mismo fray Luis escritas durante su prisión, que comienzan:

Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado...


La Glosa de fray Luis [sic] de Guzmán empieza así:

Porque las dañosas leyes
y sectas de perdición
no estragasen la nación,
nuestros Católicos Reyes
fundaron la Inquisición. [5]

La cual, como fue trazada
estando Dios a la mira,
salió tan bien acertada
que jamás pudieron nada
aquí la envidia y mentira. [10]

Es su justicia tan recta,
que ningún falso testigo
ni disimulado amigo
emprendió el hacer treta
que quedase sin castigo. [15]

Ansí que es temeridad
decir el más descargado
en la cárcel de verdad
con mentira y falsedad
me tuvieron encerrado. [20]

Que muy poquitos han preso
que no estén por sus pecados
si no quemados, tiznados,
porque juzgan con gran peso
en estos sacros estados. [25]

Otro melindre gracioso:
que diga un pobre privado,
siendo un pobre religioso,
con un modo muy brioso:
¡Dichoso el humilde estado! [30]

¿QUÉ DON ÁLVARO DE LUNA,
QUÉ ANÍBAL CARTAGINÉS,
QUÉ FRANCISCO REY FRANCÉS
SE QUEJA DE LA FORTUNA
que le ha traído a sus pies? [35]

La religiosa pobreza
con un mesmo rostro mira
la cordura y aspereza,
porque esta es la fortaleza
del sabio que se retira. [40]


En esta cuarta copla de la Glosa vemos, pues, el original del pensamiento de Cervantes cuando, dirigiéndose a su libro, escribió: «si en la dirección te humillas…, etc.», y asimismo vemos la explicación de este pensamiento conforme, solo hasta cierto punto, con la de Pellicer. Aconséjase Cervantes a sí propio la humildad, y se muestra satisfecho de que, guiado por ella, aun cuando se queje de su mala fortuna, estará libre y al abrigo de la tacha de soberbio y presuntuoso.

La Glosa (que se halla en el códice M-245 de la Biblioteca Nacional) debió de escribirse a poco de salir de su encierro el eminente Ponce de León [sic], es decir, en todo el año de 1578.

En cuanto a la palabra dirección usada aquí por Cervantes, parece indudable que debe de traducirse por dedicatoria. Con este significado la vemos empleada por el maestro José de Valdivielso en el prólogo de su Exposicion parafrástica de los Salmos (1625): «En la dirección habrá visto (dice) los primeros impulsos de esta paráfrasis...», etc. No hallamos, sin embargo, en la dedicatoria de Cervantes al de Béjar frases ni palabras de humillación; solo, sí, de justa y honrosa modestia; ni hemos visto documento alguno de esta especie que respire más dignidad ni más nobleza de pensamientos.

Pues al cielo no le plu-
que salieses tan ladi-
como el negro Juan Lati-,
hablar latines rehú-.
No me despuntes de agu-,
ni me alegues con filó-,
porque, torciendo la bo-,
dirá el que entiende la le-,
no un palmo de las ore-:
«¿Para qué conmigo flo-?».

«Porque, torciendo la boca,
no un palmo de las orejas 2 ,
dirá el que entiende la letra:
«¿Para qué conmigo flores?»


El que entiende la letra: es decir, el que comprende el verdadero sentido de lo que escribe. Torcer la boca es ademan frecuente que indica duda y sospecha.

No te metas en dibu-
ni en saber vidas age-,
que en lo que no va ni vie-
pasar de largo es cordu-,
que suelen en caperu-
darles a los que grace-;
mas tú quémate las ce-
solo en cobrar buena fa-,
que el que imprime neceda-
dalas a censo perpe-.
Advierte que es desati-,
siendo de vidrio el teja-,
tomar piedras en la ma-
para tirar al veci-.
Deja que el hombre de jui-
en las obras que compo-
se vaya con pies de plo-
que el que saca a luz pape-
para entretener donce-
escribe a tontas y a lo-.


Sagacísima es la declaración que como en epílogo contienen estos últimos versos de la gravedad e importancia de la obra. No puede ciertamente darse frase más significativa que la de irse con pies de plomo; que a un mismo tiempo indica prudencia, detenimiento, cautela, y cuyo sentido se refuerza con el sentido proverbial que la precede.

El conocimiento (aunque sin duda muy poco divulgado) de ciertas alusiones del Quijote en la época misma de su publicación, comprendidas, entre ellas, algunas quizá ya del todo borradas por el tiempo; la percepción lenta y limitada, pero progresiva, del carácter de la obra y de su objeto, más serio y más profundo de lo que pareció a primera vista; la oscuridad misma de alguna parte de su contenido y la marcada reticencia o ambigüedad de muchas de sus palabras y frases, fueron otros tantos orígenes de una tradición que, transmitiendo la idea vaga de un significado, de un intento oculto en la composición de esta obra, y pasando desfigurada al través de los años y del azaroso periodo de decadencia que comenzó en España desde fines del siglo XVII, apareció al renacer de las letras a mediados del siguiente, abultando, cual vidrio de linterna mágica, en la ingeniosa fabula del Quijote, misteriosas y determinadas sátiras de reyes, príncipes y ministros. ¿Qué significaban ya entonces Ana Zarco de Morales, ni los caciques y regidores, ni el Tiq-i-toq de la Argamasilla? El vulgo, inclinado siempre a cuanto ridiculiza o hiere a las personas elevadas en autoridad, fue gradualmente individualizando y aplicando la noticia tradicional de las críticas y alusiones encerradas en la obra, y concluyó por transformar al caballero de la Mancha, varia y caprichosamente, ya en el invicto emperador Carlos V, ya en su hijo y sucesor el prudente Felipe, ya en el privado duque de Lerma, y por reducir todas las censuras que en el libro percibía o sospechaba, y que comprenden vicios políticos y sociales de muchos siglos, al periodo de algunas décadas y al estrecho círculo de las personas que durante ese mismo periodo tuvieron influencia en el gobierno del Estado.

No faltaron, sin duda, algunos hombres ilustrados, y aun doctos, que, acogiendo esas especies venidas de boca en boca, contribuyesen a difundirlas y a dar valor y autoridad a la divulgada idea de la existencia en el Quijote de alusiones a personajes de la primera esfera. Contribuyeron probablemente, y a mi juicio desde una época algo remota, interpretando con erudición y curiosidad siempre recomendables ciertos lugares del ingenioso libro, cuya oscuridad o anfibológico sentido le dan muy amplio a la estudiosa cavilación. Ya hemos hecho mérito de aquella confusa décima en que por algunos se supuso aludido y motejado el duque de Lerma; y ahora le haremos de otros pasajes del texto que debieron de prestar muy principal fundamento a la suposición de que Cervantes satirizó en el Quijote al emperador Carlos V 3 .

(Se continuará)

Cayetano Alberto de la Barrera

Volver a los resultados