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Paratextos · Polémicas

“Aprobación de D. Lorenzo van der Hammen y León de las obras de Francisco de la Torre”

Autor del texto editado
Hammen y León, Lorenzo van der (1589-1665)
Título de la obra
Obras del bachiller Francisco de la Torre. Dalas a la impresión D. Francisco de Quevedo Villegas, caballero de la Orden de Santiago
Autor de la obra
Torre, Francisco de la (ca. 1534-ca. 1594)
Edición
Madrid: Imprenta del Reino, Domingo González, 1631
Paginación
[Fols. ¶3r-5r.]
Más información
Relación de todos los textos preliminares de la obra:
* ¶2r. “Suma del privilegio”. Juan Lasso de la Vega y Lázaro de los Ríos, Madrid, 14 de marzo de 1630
* ¶2v. “Fe de erratas”. Licenciado Murcia de la Llana, Madrid, 4 de octubre de 1631
* ¶2v. “Suma de la tasa”. Lázaro de los Ríos, 7 de octubre de 1631
* ¶3r. “Aprobación de D. Lorenzo van der Hammen y León…”. Madrid, 17 de septiembre de 1629
* ¶5v. “M.P.S. Aprobación del maestro José de Valdivielso, capellán de honor del serenísimo señor Infante y Cardenal de España”. Madrid, 2 de octubre de 1630
* ¶7r. “Al excelentísimo señor Ramiro Felipe de Guzmán, duque de Medina de las Torres, marqués de Toral, &c.…”. Francisco de Quevedo Villegas
* ¶¶1v. “A los que leerán”. Francisco de Quevedo Villegas
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar Österreichische Nationalbibliothek 429726-A ALT MA (texto completo)
Información técnica
Encoding: Elena Cano Turrión
Transcriptor: Sara Ruiz Notario
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Edición preparada para el Proyecto I+D "BIOGRAFÍAS Y POLÉMICAS: HACIA LA INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA LITERATURA Y EL AUTOR" (SILEM II) RTI2018-095664-B-C21 y C22 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 31 marzo 2021

APROBACIÓN DE D. LORENZO VAN DER HAMMEN Y LEÓN, DE LAS OBRAS DE FRANCISCO DE LA TORRE


Las obras que escribió en verso castellano Francisco de la Torre y pretende dar a la estampa don Francisco de Quevedo, raro ingenio de este siglo, he visto atentamente, y no solo las juzgo por merecedoras de comunicarse a la luz común, sino por dignas de ladearse con las de aquellos célebres varones que veneramos por príncipes de la poesía castellana. Están escritas con la verdad, propiedad y pureza que pide nuestra lengua, cosa singular en estos tiempos, mas escribiéronse en aquellos en que se sabía más bien y se hablaba mejor, y así no hay mucho que admirar. Esta verdad no la confesarán los que ahora la ignoran, pero importa poco su juicio, sientan lo que quisieren.

Padecieron esta misma desdicha que hoy aflige a España casi todas las naciones, y en especial la hebrea. Hablo de ella primero que de otra alguna por ser su lengua madre y principio de todos los lenguajes y la postrera y única en el mundo. Introdujéronse, pues, en ella por la larga antigüedad, por los cautiverios, por el descuido de dejar olvidar las voces propias y por la permisión en el usar de vocablos estraños, algunos tan escuros que los mismos maestros y naturales de las sinagogas después los desconocían. Esto que vemos en el idioma hebreo, y que confiesa san Jerónimo, hallamos en la lengua latina, con ser tanto más nueva y más continuamente cultivada, y sin estas caídas: y así se queja Tulio de que a veces encuentra con muchas voces en ella que no conoce, aunque las usaron Marco Varrón, Catón y otros.

Lo mismo pudiera decir de la nuestra, porque casi hemos hecho de los vocablos tantas mudanzas como de la ropa, y podríamos hacer dos lenguajes tan diferentes que el uno al otro no se entendiesen, porque nos damos tanta priesa a inventar vocablos o (por decirlo como ello es) a tomarlos prestados de otras lenguas que, por enriquecerla, hemos de venir a desconocerla. Ello nace de parecerles a algunos ignorantes de este tiempo que es humilde el lenguaje castellano si no le ponen estos afeites de voces nuevas y le pintan con este colorido; y no advierten que el bueno y casto, como dice Cicerón, ha de ser el que nos enseñaron nuestras madres, y el que hablan en sus casas las castas matronas y mujeres bien criadas.

En este, pues, está escrito este libro, aunque exornado con todo lo que permite el arte. Trabajo es desigual a menor ingenio, y en que no hallo cosa disonante a nuestra santa fe o a las buenas costumbres. Tiene muchas imitaciones italianas y latinas, hermosas figuras y sentencias, y muy delgados conceptos: y así puede vuestra merced, siendo servido, mandarse de la licencia que se suplica. Este es mi parecer.


Madrid y septiembre 17 de 1629.


Don Lorenzo van der Hammen y León.

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