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Paratextos

“Curiosos lectores”

Autor del texto editado
Saavedra, Miguel Cervantes, 1547-1616
Título de la obra
Primera parte de La Galatea, dividida en seis libros. Compuesta por Miguel de Cervantes. Dirigida al ilustrísimo señor Ascanio Colona, abad de Santa Sofía
Autor de la obra
Saavedra, Miguel Cervantes, 1547-1616
Edición
Alcalá (de Henares): Juan Gracián, 1585
Paginación
ff. Vv-VIIv.
Más información
Relación de todos los textos preliminares de la obra:
* f. 1v. Tasa (Miguel de Ondarza Zavala, Madrid, a 13 de marzo de 1585).
* f. 2r. Fe de erratas (licenciado Várez de Castro, 28 de febrero de 1585).
* f. 2v. Licencia (Lucas Gracián Dantisco, Madrid, 1 de febrero de 1585).
* f. 3r. Privilegio (Antonio de Eraso, 22 de febrero de 1584.
* Dedicatoria al ilustrísimo señor Ascanio Colona, abad de Santa Sofía. ff. 4r-5r.
* f. 5v. Curiosos lectores.
* f. 8r. Don Luis Gálvez de Montalvo al autor. Soneto.
* f. 8r. De don Luis de Vargas Manrique. Soneto.
* f. 8v. De López Maldonado. Soneto.
Fuentes
El texto transcrito se ha tomado de: Miguel de Cervantes, La Galatea, ed. Juan Montero (con Francisco J. Escobar y Flavia Gherardi), Madrid, Real Academia Española, 2014, pp. 14-16.
Información técnica
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Elena Cano Turrión
Edición preparada para el proyecto I+D “SUJETO E INSTITUCIÓN LITERARIA EN LA EDAD MODERNA” (SILEM) FFI2014-54367-C2-1 y 2-R http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
Este documento sigue los criterios y lenguaje cifrado de TEI http://www.tei-c.org/About/website.xml
Córdoba, 29 de mayo de 2017

Curiosos lectores

S [alutem


La ocupación de escrebir églogas en tiempo que, en general, la poesía anda tan desfavorecida, bien recelo que no será tenido por ejercicio tan loable que no sea necesario dar alguna particular satisfación a los que, siguiendo el diverso gusto de su inclinación natural, todo lo que es diferente de él estiman por trabajo y tiempo perdido. Mas, pues a ninguno toca satisfacer a ingenios que se encierran en términos tan limitados, sólo quiero responder a los que, libres de pasión, con mayor fundamento se mueven a no admitir las diferencias de la poesía vulgar, creyendo que, los que en esta edad tratan de ella, se mueven a publicar sus escriptos con ligera consideración, llevados de la fuerza que la pasión de las composiciones proprias suele tener en los autores de ellas, para lo cual puedo alegar de mi parte la inclinación que a la poesía siempre he tenido, y la edad, que, habiendo a penas salido de los límites de la juventud, parece que da licencia a semejantes ocupaciones. De más de que no puede negarse que los estudios de esta facultad -en el pasado tiempo, con razón, tan estimada- traen consigo más que medianos provechos, como son enriquecer el poeta considerando su propria lengua, y enseñorearse del artificio de la elocuencia que en ella cabe, para empresas más altas y de mayor importancia, y abrir camino para que, a su imitación, los ánimos estrechos, que en la brevedad del lenguaje antiguo quieren que se acabe la abundancia de la lengua castellana, entiendan que tienen campo abierto, fértil y espacioso, por el cual, con facilidad y dulzura, con gravedad y elocuencia, pueden correr con libertad, descubriendo la diversidad de conceptos agudos, graves, sotiles y levantados que en la fertilidad de los ingenios españoles la favorable influencia del cielo con tal ventaja en diversas partes ha producido y cada hora produce en la edad dichosa nuestra, de lo cual puedo ser yo cierto testigo, que conozco algunos que, con justo derecho, y sin el empacho que yo llevo, pudieran pasar con seguridad carrera tan peligrosa. Mas son tan ordinarias y tan diferentes las humanas dificultades, y tan varios los fines y las acciones, que unos, con deseo de gloria, se aventuran; otros, con temor de infamia, no se atreven a publicar lo que, una vez descubierto, ha de sufrir el juicio del vulgo, peligroso, y casi siempre engañado. Yo, no porque tenga razón para ser confiado, he dado muestras de atrevido en la publicación de este libro, sino porque no sabría determinarme de estos dos inconvinientes cuál sea el mayor: o el de quien con ligereza, deseando comunicar el talento que del cielo ha rescebido, temprano se aventura a ofrescer los frutos de su ingenio a su patria y amigos, o el que, de puro escrupuloso, perezoso y tardío, jamás acabando de contentarse de lo que hace y entiende, tiniendo sólo por acertado lo que no alcanza, nunca se determina a descubrir y comunicar sus escriptos. De manera que, así como la osadía y confianza del uno podría condenarse por la licencia demasiada que con seguridad se concede, asimesmo el recelo y la tardanza del otro es vicioso, pues tarde o nunca aprovecha con el fruto de su ingenio y estudio a los que esperan y desean ayudas y ejemplos semejantes para pasar adelante en sus ejercicios. Huyendo de estos dos inconvinientes, no he publicado antes de ahora este libro, ni tampoco quise tenerle para mí solo más tiempo guardado, pues para más que para mi gusto solo le compuso mi entendimiento. Bien sé lo que suele condenarse exceder nadie en la materia del estilo que debe guardarse en ella, pues el príncipe de la poesía latina fue calumniado en algunas de sus églogas por haberse levantado más que en las otras, y así no temeré mucho que alguno condene haber mezclado razones de filosofía entre algunas amorosas de pastores, que pocas veces se levantan a mas que a tratar cosas del campo, y esto con su acostumbrada llaneza. Mas advirtiendo -como en el discurso de la obra alguna vez se hace- que muchos de los disfrazados pastores de ella lo eran sólo en el hábito, queda llana esta objeción. Las demás que en la invención y en la disposición se pudieren poner, discúlpelas la intención segura del que leyere, como lo hará siendo discreto, y la voluntad del autor, que fue de agradar, haciendo en esto lo que pudo y alcanzó, que, ya que en esta parte la obra no responda a su deseo, otras ofresce para adelante de más gusto y de mayor artificio.

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