Volver a los resultados

Paratextos de Novela Corta Barroca · Paratextos

“A los que leyeren y también a aquellos que escucharen leer a otros, que es una gente con quien hasta ahora no han hablado los prólogos y ha sido una muy prologona descortesía”

Autor del texto editado
Salas Barbadillo, Alonso Jerónimo de (1581-1635)
Título de la obra
El curioso y sabio Alejandro, fiscal, y juez de vidas ajenas
Autor de la obra
Salas Barbadillo, Alonso Jerónimo de
Edición
Madrid: Imprenta del Reino, 1634
Paginación
*5r.-*8v.
Más información
Relación de todos los textos preliminares de la obra en que se encuentra el texto que se transcribe:
* [1] *2r. [Fe de erratas], S. t., Francisco Murcia de la Llana, Madrid, 27 de noviembre de 1634.
* [2] *2v. “Suma del privilegio”, s. a., despacho de Francisco Gómez de Lasprilla, 27 de octubre de 1634.
* [3] *2v. “Suma de la tasa”, Madrid, 2 de diciembre de 1634.
* [4] *3r.-*3v. “Aprobación del Maestro José de Valdivielso, capellán de honor del serenísimo señor infante cardenal”, José de Valdivielso, Madrid, 30 de septiembre de 1634.
* [5] *4r.-*4v. “Aprobación del padre maestro fray Francisco Boil, calificador del Consejo de Su Majestad de la Suprema y General Inquisición y difinidor general de la orden de Nuestra Señora de la Merced”, Francisco Boil, Madrid, 9 de octubre de 1634.
* [6] *5r.-*8v. “A los que leyeren y también a aquellos que escucharen leer a otros, que es una gente con quien hasta ahora no han hablado los prólogos y ha sido una muy prologona descortesía”, Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo.
* [7] ¶r.-¶6r. “A Gabriel López de Peñalosa del Consejo de su Majestad y su secretario de estado de la augustísima casa de Borgoña”, Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo, Madrid, s. d.
* [8] ¶6v.-¶6r. “De Antonio de Castilla al autor. Décima”, Antonio de Castilla.
* [9] ¶7v.-¶8r. “Del maestro José de Valdivielso, capellán de honor de su Alteza, el serenísimo Cardenal Infante. Décima”, José de Valdivielso.
* [10] f. 121v. “Lágrimas justas y piadosas ofrecidas en estos breves números y cadencias a las venerables cenizas del reverendo padre maestro fray Hortensio Félix Paravecino, orador evangélico de Su Majestad por Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo, su grande amigo, el que más le amaba, el que más le debía. Y dedicadas a Gabriel López de Peñalosa del Consejo de su Majestad y su secretario de Estado de la augustísima casa de Borgoña. Silva”, Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo.
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar R/13649 de la BNE (texto completo)
Información técnica
Encoding: Elena Cano Turrión
Editor: Daniela Santonocito
Revisor: Victoria Aranda Arribas
Revisor: Heterónimo Uzcanga Goicoetxea
Edición preparada para los Proyectos I+D "BIOGRAFÍAS Y POLÉMICAS: HACIA LA INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA LITERATURA Y EL AUTOR" (SILEM II) RTI2018-095664-B-C21 y C22 y EL DISCURSO PARATEXTUAL DE LA NOVELA CORTA BARROCA. POÉTICA Y SOCIABILIDAD LITERARIA (PY18-3938) http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
Este documento sigue los criterios y lenguaje cifrado de TEI http://www.tei-c.org/About/website.xml
Córdoba, 5 abril 2022

[6]

A LOS QUE LEYEREN Y TAMBIÉN A AQUELLOS QUE ESCUCHAREN LEER A OTROS, QUE ES UNA GENTE CON QUIEN HASTA AHORA NO HAN HABLADO LOS PRÓLOGOS Y HA SIDO UNA MUY PROLOGONA DESCORTESÍA


Aquellos bien barbados filósofos, que tanto veneró la Antigüedad, en quien fue mayor la arrogancia que la ciencia, entre algunas sentencias utilísimas se dejaron decir no pocos ridículos desvaríos. Tal fue este: «Mihi satis sunt pauci, satis est unus, satis est nullus satis sum ego». Razón será que examinemos esto despacio. Decir «bástame uno», «bástame ninguno», ¿quién duda que es locura manifiesta? Pasemos adelante: «bástame yo solo». Esto fue tocar en lo supremo de los delirios, pues presumía de sí –este más que sabio ignorante y más caduco que prudente– que podía ser él solo el recitante, el teatro y el pueblo. Volvamos al principio: «Bástanme pocos» tampoco me agrada, porque si lo que se escribe va como debe, acompañado de buena doctrina, es poca caridad no comunicarse a muchos. Paréceme que me preguntan que si se ha de escribir para todos. Respondo que así lo quisiera yo, pero téngolo por imposible; conque vengo a concluir que hemos de ordenar nuestros escritos de tal suerte que procuremos satisfacer a los más, que aunque es una empresa que se defiende con dificultades terribles, con todo eso se deja vencer y cabe dentro de los términos de la humana posibilidad. Esto hemos procurado siempre y nos damos a entender que lo hemos conseguido, conque nos tenemos por bien pagados y satisfechos de la continua fatiga de nuestros estudios, aunque los demás premios se nos han huido, porque no puede aspirar a más alto, a más noble, ni a más lucido vuelo la más ambiciosa pluma de ningún ingenio mortal.

Hanse quejado de mí los lectores –y reconózcolo por sumo favor– de que escribo los libros de pequeño volumen, y ahora, en vez de satisfacer a esta queja, sale este con mucho menor número de pliegos porque tengo por mejor que nos fiscalicen –oponiéndonos una culpa que viene a ser honrada y tan sabrosa para el acusado– que no caer en tan pesado crimen como es ser prolijo; y aun así recelo que no serán pocos aquellos a quien les pareceré importuno. Hable nuestro saladísimo Marcial por mí, que parece que lo previno tantos siglos antes –para que me sirviese de escudo– con los versos de este ingenioso epigrama; dice, pues, así:

Ter centena poteras liber epigrammata ferre,
sed quis te ferret perlegeretque, liber.


Y concluye:

Esse tibi tanta cautus brevitate videris?
Hei mihi, quam multis sic quoque longus eris!


Demás de que mi continua falta de salud y otras fatigas, no más bien acondicionadas, me derriban la pluma de la mano y me han puesto el ingenio en estado tan miserable que pudiera decir con Ovidio:

Ingenium fregere meum mala cuius et ante
Fon[s] infecundus, parvaque vena fuit.


Hasta aquí llega el breve discurso de este prólogo y acarícienmele vuesas mercedes mucho, porque ni murmura, ni satiriza. Al fin, no es de aquellos por quien el muy reverendo padre maestro fray Francisco Boil dize en el prólogo de su Historia de Nuestra Señora del Puche, que salió impresa en Valencia a ennoblecer a la patria rica de piedad, de ingenio, de erudición y de suavísima elegancia; dice, pues, «menos acertado parece llamar al prólogo desahogo; yo le dijera ventosa, porque allí se llama la sangre y es donde se acude a expeler malicias o morder envidias».

Volver a los resultados