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Paratextos de Novela Corta Barroca · Paratextos

“Señor”

Autor del texto editado
Zatrilla y Vico, José, Conde de Villasalto
Título de la obra
Engaños y desengaños del profano amor
Autor de la obra
Zatrilla y Vico, José, Conde de Villasalto
Edición
Nápoles: Giuseppe Roselli, 1688
Paginación
p. 423 ([hh.] a2r-a3v).
Más información
Relación de todos los textos preliminares de la obra:
* [1] [h.] 1r. “Escudo de armas del autor”, s. a.
* [2] p. 423 ([hh.] a2r-a3v). [Dedicatoria]. “Señor”, el Conde de Villasalto [José Zatrilla y Vico].
* [3] p. 425 ([h.] a4r). “Ilusstrisime domine”, Carlos Celano, Nápoles, 1 de enero de 1688.
* [4] [h.] a4r. “Ilustrísimo señor”, Carlos Celano, Nápoles, 5 de enero de 1688.
* [5] p. 425 ([h.] a4v). “Excelentísimo señor”, Marcos Rama, Nápoles, 30 de diciembre de 1687.
* [6] ([h.] a4v-b1v). “Excelentísimo señor”, Marcos Rama, Nápoles, 9 de enero de 1688.
* [7] p. 430 ([h.] b2r-b4r). “Aprobación del ilustrísimo y reverendísimo señor don fray Luis Diez de Aux y Armendáriz del Real y Militaro Orden de Nuestra Señora de la Merced, redención de cautivos cristianos, hijo de la provincia de Argón, que es la primera de su religión, Maestro que ha sido de Justicia y del Número de dicha provincia, Difinidor y Elector general diversas veces por ella, compañero y consultor de diversos padres generales, que han sido de dicha religión, Prelado diversas veces, de los mejores conventos de dicha provincia y últimamente Provincial y padre de ella; después Obispo de Alguer y sus uniones y actualmente Arzobispo de Cáller, Obispo de Iglesias y demás uniones, Primado de Cerdeña y Córcega, Vexilario de la Santa Iglesia Romana, Señor de las Varonias de Sueli, San Pantlaeón, Santadi y Isla de San Antiogo, del Consejo de Su Majestad”, fray Luis Diez de Aux y Armendáriz, Cáller, 30 de septiembre de 1687.
* [8] p. 434 ([hh.] b4r-c1v). “Aprobación del ilustrísimo y reverendísimo señor don fray Gerónimo de Velasco y Mendoza, obispo de la ciudad de Alguer y sus uniones, del Consejo de Su Majestad”, fray Gerónimo de Velasco y Mendoz, Alguer, 24 de diciembre de 1687.
* [9] p. 436 ([hh.] c1v-c2v). “Aprobación del ilustre señor don Francisco Ortega de Castro, inquisidor apostólico en este reino de Cerdeña, del Consejo de Su Majestad”, Francisco Hortega de Castro, Sácer, 7 de octubre de 1687.
* [10] p. 438 ([hh.] c2v-c4v). “Aprobación de los muy reverendos padres del convento de Santo Domingo de Cáller. Orden de Predicadores. El muy reverendo padre fray Enrique Mateo de Majórica, presentado en Sagrada Teología, vicario general de esta congregación de Santo Domingo en Soriano del Reino de Cerdeña, y regente primario de los estudios generales del sobredicho convento. El muy reverendo padre fray Diego de Silva, maestro en Sagrada Teología y calificador del Santo Tribuna y Colegial del Claustro de Teoología de esta primaria universidad de Cáller. El muy reverendo padre fray Thomas Carnicer, maestro en Sagrada Teología, catedrático de prima en dicha universidad y examinador sinodal en este arzobispado de Cáller. El muy reverendo padre fray Juan Baptista Riani, maestro de estudiantes en sobredicho convento. El muy reverendo padre fray Antonio Soler, letor de Teología de Vísperas en el dicho convento, y el muy reverendo padre fray Francisco Isala, letor de Artes en el mismo convento”, fray Enrique Mateo de Majórica, fray Diego de Silva, fray Tomás Carnicer, fray Juan Baptista Riani, fray Antonio Soler y fray Francisco Isala, Cáller, 15 de febrero de 1688.
* [11] p. 443 ([hh.] c4v-d1r). “En elogio del autor escribió el expectable señor don José de Litala y Castelví, caballero del Orden de Calatrava, caballerizo de Su Majestad”, José de Litala y Castelví.
* [12] p. 444 ([hh.] d1r-d1v). “Aprobación del doctor don Gerónimo Cugia, canónigo de la Santa Iglesia Primacial Calaritana y chanciller por Su Majestad en este Reino de Cerdeña”, Gerónimo Cugia, Cáller, 23 de noviembre de 1687.
* [13] p. 445 ([h.] d1v). “Al autor en ocasión de imprimirse el segundo parto de su ingenio, consagra el señor don José de Oiarbide, camarero del excelentísimo señor duque de Monteleón, virrey y capitán general del reino de Cerdeña”, José de Oiarbide.
* [14] p. 446 ([hh.] d2r-d3v). “Al discreto lector”, José Zatrilla y Vico.
* [15] [h. e4v]. “Retrato del conde de Villasalto, su edad 38 años”, F. Perche.
Fuentes
Transcripción realizada sobre la edición: Zatrilla y Vico, José, Engaños y desengaños del profano amor. Edición crítica de Paolo Caboni, Madrid, SIAL Ediciones, 2019 (ISBN: 978-84-17397-69-2).
Información técnica
Encoding: Elena Cano Turrión
Editor: Paolo Caboni
Revisor: Victoria Aranda Arribas
Edición preparada para los Proyectos I+D "BIOGRAFÍAS Y POLÉMICAS: HACIA LA INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA LITERATURA Y EL AUTOR" (SILEM II) RTI2018-095664-B-C21 y C22 y EL DISCURSO PARATEXTUAL DE LA NOVELA CORTA BARROCA. POÉTICA Y SOCIABILIDAD LITERARIA (PY18-3938) http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 15 febrero 2022

[2]

SEÑOR


Si el haber consagrado a Vuestra Majestad con obsequioso rendimiento el primer fruto de mis estudiosos desvelos fue deuda indispensable de mi heredada obligación, el sacrificarle de nuevo este segundo es fervoroso culto de mi servidumbre leal que, deseosa de aspirar al mayor acierto, espera conseguirle mereciendo del piadoso agrado de Vuestra Majestad la más colmada dicha con permitir que tan pequeña ofrenda logre la feliz fortuna de verse colocada en las heroicas y reales plantas de Vuestra Majestad.

Entre los preciosos dones que ofreció Merodac al rey Ezequías, dice la Escritura que le envió unos libros 1 y, puesto que aquel juzgó por apreciable don aquesta oferta, no es dudable que el fin de habérselos enviado sería para que los leyera el rey, que como los libros no tienen estimación si no se leen, todo su caudal se oculta si no se abren y solo con abrirse logran el aprecio que merecen. Son un escondido mineral que al paso que enriquecen de noticias y de letras a los que saben abrirlos y penetrarlos, no son más que un enfadoso volumen o mal empleado papel para quien se desvía de ellos.

No pretendo, señor, persuadir a Vuestra Majestad que malogre el tiempo ocupándole en la ociosa leyenda de estos mal formados rasgos, solo debo desear que Vuestra Majestad honre y favorezca –como suele– a los que por sus altas discreciones y católica enseñanza dignamente merecen esta fortuna. Yo, con haber sido tan feliz que mis desveladas fatigas han podido lograr tan soberano protector, debo juzgarme por muy dichoso porque, al paso que el único fin de mi estudiosa aplicación y de sacar a luz esta obra fue solo de desengañar a los amantes de los engaños del ciego amor, hubo algunos no menos ciegos que intentaron injustamente su deslucimiento, mas no lo consiguieron por hallarse amparada de la razón y piadosamente defendida de protección tan alta.

Aun la calificada bondad de la humilde Madalena se vio maleada y perseguida de los que debieran defenderla y solo pudo librarla de tan injusta censura la sagrada protección de su divino maestro. Llegó aquella con reverente culto a ungir los pies de Cristo con aromas muy preciosos, 2 pero al paso que tan plausible operación edificaba y que merecía la aprobación de los del Apostólico Colegio, fueron estos los que más enfurecidos la culparon, 3 no sé si por el desperdicio que en ella suponían o si por la gloriosa aceptación que supo merecer y conseguir. Parece que en tan Sagrado Colegio pudiera caber emulación, y cupo, porque, como eran hombres y no todos fieles, fueron fáciles en calumniar lo que debieran aplaudir. Mas, por la misma razón que fue tan injusta su calumnia, no solo quedaron reprehendidos de su divino maestro, culpándolos por molestos, sino que, volviendo el mismo Cristo por el crédito de la Madalena, aprobó y calificó por bueno lo que aquellos intentaron reprobar. 4

Muy discretamente supo prevenir el real profeta David tan inevitable riesgo, pues sin embargo que conocía la candidez de su intención y que sus obras eran a todas luces muy plausibles, 5 no quiso aventurarlas sin asegurarlas del peligro dedicándolas todas al más supremo rey para que con tan alta protección quedasen más bien defendidas de sus émulos, 6 y si un Rey tan respetado y tan santo como David pudo recelar los injustos tiros de la envidia, con mucha más razón debo yo temer sus implacables iras, solicitando en el poderoso amparo y soberana protección de Vuestra Majestad el más seguro asilo, a cuya sombra no podrá introducir la emulación sus nocivos rayos, ni ofender con sus dañados influjos. Nuestro Señor guarde la católica real persona de Vuestra Majestad como la cristiandad ha menester.

El conde de Villasalto

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