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Paratextos de Lope de Vega · Paratextos

“Dirigida al maestro Alonso Sánchez, catedrático de prima de Hebreo en la insigne Universidad de Alcalá”

Autor del texto editado
Vega, Lope de (1562-1635)
Título de la obra
Trecena parte de las comedias de Lope de Vega Carpio, procurador fiscal de la Cámara Apostólica en el Arzobispado de Toledo, dirigidas cada una de por sí a diferentes personas
Autor de la obra
Vega, Lope de (1562-1635)
Edición
Madrid: viuda de Alonso Martín de Balboa/Alonso Pérez, 1620
Más información
Relación de los textos preliminares y otros paratextos que se encuentran en el texto que se transcribe:
* [1] f. ¶1v. [Índice] “Títulos de las comedias que van en esta Decimatercia parte”.
* [2] f. ¶2r. “Tasa”, Pedro Montemayor del Mármol, Madrid, 18 de enero de 1620.
* [3] f. ¶2r. “Fe de erratas”, Francisco Murcia de la Llana, Madrid, 18 de enero de 1620.
* [4] ff. ¶2v.-¶3r. [Privilegio] “El rey”, Pedro de Contreras, Lisboa, 7 de octubre de 1619.
* [5] f. ¶3r. “Aprobación”, Juan de Gómara y Mejía, Madrid, 18 de septiembre de 1619.
* [6] ff. ¶3v.-¶4v. “Prólogo”, [Lope de Vega].
* [7] ff. A1r.-A2v. [Dedicatoria] “Dirigida al doctor Gregorio López Madera, del Consejo Supremo de su majestad”, Lope de Vega.
* [8] ff. D5r.-D5v. [Dedicatoria] “Dirigida a Sebastián Jaime, ciudadano de Valencia”, Lope de Vega.
* [9] ff. G4r.-G4v. [Dedicatoria] “Dirigida a doña Marcela del Carpio, su hija”, Lope de Vega.
* [10] ff. K6r.-K6v. [Dedicatoria] “Dirigida a don Juan Antonio de Vera y Zúñiga, caballero del hábito de Santiago, comendador de Sierrabrava”, Lope de Vega.
* [11] ff. O2r.-O3v. [Dedicatoria] “Dirigida al maestro Alonso Sánchez, catedrático de prima de Hebreo en la insigne Universidad de Alcalá”, Lope de Vega.
* [12] ff. Q6r.-Q7v. [Dedicatoria] “Dirigida al padre maestro fray Hortensio Félix Paravicino, predicador de su majestad y provincial dignísimo de la sagrada Religión de la Santísima Trinidad, Redención de Cautivos”, Lope de Vega.
* [13] ff. aa1r.-aa2r. [Dedicatoria] “Dirigida al doctor Cristóbal Núñez en la noble y admirable Ciudad de México”, Lope de Vega.
* [14] ff. dd1v.-dd2v. [Dedicatoria] “Dirigida al maestro Simón Xabelo”, Lope de Vega.
* [15] ff. gg4r.-gg5v. [Dedicatoria] “Dirigida a Baltasar Elisio de Medinilla”, Lope de Vega.
* [16] ff. kk6r.-kk7r. [Dedicatoria] “Dirigida al licenciado Juan Pérez en la Universidad de Alcalá”, Lope de Vega.
* [17] ff. nn6r.-nn7r. [Dedicatoria] “Dirigida al licenciado Jacinto de Piña, hijo de Juan Izquierdo de Piña, secretario de provincia”, Lope de Vega.
* [18] ff. qq6r.-qq7v. [Dedicatoria] “Dirigida a Cristóbal Ferreira de Sampayo”, Lope de Vega.
Fuentes
Lope de Vega, Comedias. Parte XIII, tomo 1, coord. Natalia Fernández Rodríguez, Madrid, Gredos, 2014, págs. 731-738.
Transcripción realizada sobre el ejemplar BH FOA 243 de la Biblioteca de la Universidad Complutense. (texto completo)
Información técnica
Editor: Ignacio García Aguilar
Encoding: Noelia Santiago López
Transcriptor: Ángel Luis Castellano Quesada
Edición preparada para los Proyectos I+D “BIOGRAFIAS Y POLEMICAS: HACIA LA INSTITUCIONALIZACION DE LA LITERATURA Y EL AUTOR” (SILEM II) RTI2018-095664-B-C21 y C22 y “PRÁCTICAS EDITORIALES Y SOCIABILIDAD LITERARIA EN TORNO A LOPE DE VEGA” (PRESOLO) 1262510-F http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 4 enero 2023

[11]

Dirigida al maestro Alonso Sánchez, catedrático de prima de Hebreo en la insigne Universidad de Alcalá


La mayor cosa que los hombres hacen unos por otros es la defensa y, así, la mayor obligación que tienen es a quien los defiende. En primero lugar se debe al autor de la naturaleza, que nos dio ángeles de defensa, poniendo al más pequeño como si fuera rey, presidio y custodia —consta de sus mismas palabras 1 y del argumento que con las de David quiso hacerle el enemigo común 2 —. Suceden a esta obligación los padres, pues con haberlo sido nos defienden del no ser, tan grave daño como encarece el teólogo 3 . Luego se sigue a los que nos defienden la honra, la vida y por sus grados los demás sucesos. Finalmente, cuando tiene más valor es donde el que la hace se mueve sin haberle inducido o provocado.

Ríense muchos de los libros de caballerías, señor maestro, y tienen razón si los consideran por la esterior superficie, pues por la misma serían algunos de la Antigüedad tan vanos y infrutuosos como El asno de oro de Apuleyo, el Metamorfóseos de Ovidio y los Apólogos del moral filósofo Alusión a Esopo. Recuérdese la definición del vocablo apólogo en Covarrubias: «Es la fábula, cuento o patraña en que introducimos a los animales brutos y a los árboles y cosas inanimadas que hablan y dicen alguna cosa, como las fábulas de Esopo» (Nota de Rodríguez Rodríguez en Vega, op. cit., pág. 732). ; pero, penetrando los corazones de aquella corteza, se hallan todas las partes de la filosofía, es a saber: natural, racional y moral. La más común acción de los caballeros andantes —como Amadís, el Febo, Esplandián y otros— es defender cualquiera dama, por obligación de caballería, necesitada de favor, en bosque, selva, montaña o encantamento; y la verdad de esta alegoría es que todo hombre docto está obligado a defender la fama del que padece entre ignorantes, que son los tiranos, los gigantes, los monstros de este libro de la envidia humana, contra la celestial influencia que acompañó el trabajo y el vigilante estudio de cuanto es honesto —como fue opinión de Pitágoras 5 — fundamento y guía.

Vuestra merced tomó esta empresa movido de su misma obligación, como doctísimo príncipe en tantas facultades y lenguas, sacando, si no de gigantes, mi fama y nombre de monstros encantados y enanos viles. Estudian algunos de estos diversas ciencias y, olvidados de sus progresos, los interrompen con la detracción de los estudios ajenos, mal leídos en Cicerón: «Quam quisque norit artem, in ea se exerceat». Esto en las Tusculanas, y en los Oficios: «Suum quisque noscat ingentum» 6 . Pero es gracia de algunos músicos que, rogándoles que canten —que lo saben hacer—, dicen que, si hubiera espadas, se holgaran de esgrimir; y, pidiendo al que esgrime bien que tome espada, dice que, si hubiera un instrumento, se holgara de que le oyeran cantar. ¡Estraña ambición de fama de lo que un hombre no sabe, que de lo que sabe ya le parece que la tiene! El que estudia teología ¿para qué quiere parecer poeta, señor maestro —no siéndolo, como el doctor Garay, Marco Antonio de la Vega y el doctor Cámara, laureados por esa insigne universidad cuando yo estudiaba en ella las primeras letras—, ni gastar el tiempo en reprehender poetas? «Ministerium tuum imple», dijo el apóstol 7 .

Acusaba Teofrasto a la naturaleza, muriéndose, de que hubiese dado tan larga vida a las cornejas y cuervos, que no importaban, y tan breve a los hombres: «quorum si aetas potuisset esse longinquior, futurum fuisse ut omnibus perfectis artibus omni doctrina hominum vita erudiretur» 8 ; y quieren gastarla en los estudios para que no tienen naturaleza ni industria y suplir con la detracción la ignorancia de la profesión ajena. Bienaventurado llamó el príncipe de la retórica 9 al hombre que aun en la vejez le aconteciere «ut sapientiam verasque opiniones assequi possit»; y andan estos alabándose de sus pocos años, como si ya en ellos hubiesen alcanzado lo que tenía Cicerón por bienaventuranza en muchos. Fue reprehendido de Georgio Merula aquel gran ingenio de Angelo Policiano porque le llamó cano: «Canos mihi obijcis importuni non sunt, superest animi vigor, corporis robur, celeres ingenij motus, et cetera». Y respondiole Policiano al duque Ludovico Esforcia: «Ita mihi contingat in otio et literis molliter consenescere» 10 . Pero la verdad es que en esta edad no han nacido los hombres cuando, con dos actos en brazos del que preside, se burlan de las ajenas vigilias, por quien prefirieron las canas a los años en el asiento del entendimiento en cuyo regimiento hay muchas con banco de caballero hijas de alma y otras con menos nobleza.

Es lástima que se muevan algunos hombres como los animales, «secundum impetum et impulsum appetitus naturalis», habiéndose de mover «secundum regimen rationis». Yo tengo para mí que, como melancólicos, enfermos y locos, tienen vanas fantasías; pero esto no por la ilustración que se hace por las imaginaciones de las cosas sensibles, mas por las pasiones de la naturaleza «et confusione spirituum ascendentium ad cerebrum et caput turbantium» 11 . Engáñalos el común aplauso, que no saben, con Demóstenes, que «omnibus hominibus natura insitum est ut maledicta et crimina perlibenter audiant, laudantibus autemn ipsi grauiter succenseant». Pero, como dice el mismo, es naturaleza de la calunia «in crimen vocare omnia, probare vero nihil» 12 . Yo a lo menos les debo la misma ofensa, pues tuve tal defensor; que, como a la admiración debemos la filosofía, a la enfermedad la medicina, a los delitos las leyes y a la tiranía el reino, debo la honra y defensa que vuestra merced hizo a mis escritos a su calumnia y envidia.

¡Qué diversa satisfación es ofrecerle esta comedia a vuestra merced, cuyo título es El desconfiado, defendiéndome con el mismo de mi mismo atrevimiento, aunque la dieron aplauso grande en la corte por el donaire y la novedad del argumento! No tengo en esta ocasión materia digna de su divino ingenio, que, si bien es verdad que no desprecio este género de estudio, para que he tenido alguna inclinación, el breve tiempo en que me ha sido forzoso escribir muchas ha sido causa de su imperfección, porque «nihil est simul et inuentum et perfectum»; y aunque «nihi refert quam cite si sat bene» 13 , no puedo yo decirlo de mí, sino dejarlo a la defensa de vuestra merced, por quien escribió un aficionado a sus grandes partes, letras y virtudes este epigrama:

La lengua hebrea, griega y la latina
por su elegancia competir quisieron,
como Venus y Juno y la divina
Palas, y al Paris de las letras fueron;
y, aunque la hebrea pareció más digna, [5]
en Sánchez tan recíprocas se vieron
que, como las tres gracias, se abrazaron
y a vivir en su lengua se quedaron.


Capellán de vuestra merced,


Lope de Vega Carpio

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