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Paratextos de Lope de Vega · Paratextos

“Prólogo del teatro a los lectores”

Autor del texto editado
[Vega, Lope de (1562-1635)]
Título de la obra
Oncena parte de las comedias de Lope de Vega Carpio, familiar del Santo Oficio [...], sacadas de sus originales
Autor de la obra
Vega, Lope de (1562-1635)
Edición
Madrid: viuda de Alonso Martín de Balboa/Alonso Pérez, 1618
Paginación
f. ¶3v.-¶4r.
Más información
Relación de los textos preliminares y otros paratextos que se encuentran en el texto que se transcribe:
* [1] f. ¶2r. “Aprobación del señor doctor Gutierre de Cetina”, doctor Cetina, Madrid, 4 de febrero de 1618.
* [2] f. ¶2r. “Suma del privilegio”, Juan de Jerez, Madrid, 4 de febrero de 1618.
* [3] f. ¶2r. [Índice] “Títulos de las comedias”.
* [4] f. ¶2v. “Tasa”, Juan de Jerez, Madrid, 10 de mayo de 1618.
* [5] f. ¶2v. “Erratas”, Francisco Murcia de la Llana, Madrid, 6 de mayo de 1618.
* [6] f. ¶3r. [Dedicatoria] “A don Bernabé de Vivanco y Velasco, caballero del hábito de Santiago, de la cámara de su majestad”, Lope de Vega.
* [7] ff. ¶3v.-¶4r. “Prólogo del teatro a los lectores”, [Lope de Vega].
* [8] ff. ¶4v.-¶6v. [Sextetos alirados] “A la memoria eterna de nuestro insigne amigo, Lope Félix de Vega Carpio, por sus escriptos”, Tomás Tamayo de Vargas.
Fuentes
Lope de Vega, Comedias. Parte XI, tomo 1, coords. Laura Fernández y Gonzalo Pontón, Madrid, Gredos, 2012, págs. 43-44.
Transcripción realizada sobre el ejemplar R/14104 de la Biblioteca Nacional de España. (texto completo)
Información técnica
Editor: Ignacio García Aguilar
Encoding: Noelia Santiago López
Transcriptor: Ángel Luis Castellano Quesada
Edición preparada para los Proyectos I+D “BIOGRAFIAS Y POLEMICAS: HACIA LA INSTITUCIONALIZACION DE LA LITERATURA Y EL AUTOR” (SILEM II) RTI2018-095664-B-C21 y C22 y “PRÁCTICAS EDITORIALES Y SOCIABILIDAD LITERARIA EN TORNO A LOPE DE VEGA” (PRESOLO) 1262510-F http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 17 enero 2021

[7]

Prólogo del teatro a los lectores


Después que a viva fuerza de tantas y tan diferentes comedias de varios poetas como en mí se han representado, letor amigo —o enemigo, como tú quisieres—, he aprendido a hablar. Aunque compuesto de tablas y lienzos, con más trampas que un hombre que no tiene de qué pagar ni vergüenza de deber, descanso con quejarme de las muchas sinrazones que mis dueños padecen y a mí me hacen. De las mías algunas veces me vengo por los que representan en mí las imaginaciones de otros, pues de tantas maneras les dicen sus ignorancias —y yo lo veo—, con no pequeña risa de los que sin pasión, afición y odio vienen a verme, pues muchas veces se agradan de comedias indignas de ser oídas y de otras que están escritas maravillosamente se están burlando, porque no sé yo que haya mayor venganza de un sabio que ver a un ignorante celebrar lo indigno y despreciar lo ingenioso y doctamente escrito. De las de mis dueños no hallo remedio para tomarla, por más que de día y de noche me desvanezco.

La necesidad del comer enseñó a hablar los papagayos, voltear las monas, bailar las mujeres y volar los hombres. En este siglo he visto vivir muchos de fingir cabellos, de teñir barbas, de hacer pantorrillas, de rizar aladares con moldes, de traducir libros de italiano, de concertar cuchilladas, de dar a conocer mujeres, de fingirse bravos, de estudiar flores y de socorrer necesidades. Y, así, no me espanto de que haya hombres que se vengan a mi teatro y oigan una comedia setenta veces y, aprendiendo veinte versos de cada acto, se vayan a su casa y por los mismos pasos la escriban de los suyos y la vendan con el título y nombre de su autor, siendo todas disparates y ignorancias, quedando con el que tienen de felicísimas memorias y los dineros que les vale este embeleco tan digno de reprehensión y castigo público. Estos que las compran tienen ya sus rétulos a las puertas de sus tiendas, cosa no advertida del gobierno y senadores regios, pues, no permitiendo que se venda libro ninguno impreso sin su licencia y aprobación, consienten que se vendan manuscritos de este género de gente públicamente, en que hay el agravio de los dueños, pues no es suyo lo que venden con su nombre; y ello es tan feo y escandaloso que me aseguran que ningún delito es agora más digno de castigo y remedio; y la inobediencia y atrevimiento de vender libros sin la real y suprema licencia, aprobación y censura de hombres doctos.

Estas que aquí te presento puedo afirmar, como testigo de vista, que son las mismas que en mí se representaron, y no supuestas, fingidas ni hurtadas de otros, donde hay un verso de su autor y trecientos del que dice que de verlas en mí las toma de memoria y las vende a estos hombres que, sin licencia del supremo Consejo, las venden con rétulos públicos en afrenta de los ingenios que las escriben, en que hay tantos caballeros, letrados y hombres doctos. Leerlas puedes seguramente, que son de los borradores de Lope y no de la pepitoria poética de estos zánganos que comen de la miel que las legítimas abejas en sus artificiosos vasos labran de tantas y tan diversas flores. Que te prometo que, si benignamente las recibes, no llegue a mis manos comedia ingeniosa de las muchas que cada día escriben tantos ingenios que no te la presente; no hurtada, sino con gusto de sus dueños, para que el tuyo tenga, en su casa o recogimiento con su familia, lo que no todos pueden ver, y los que lo hubieren visto puedan considerar, pues no porque una fiesta se vea deja de alegrar, escrita, a los mismos que la vieron.

En lo demás he querido templarme, pues ya no soy prólogo de los que se usaban contra el necio, sino advertimiento de los que me dicta mi conciencia para el discreto y sabio. De los que desprecian a los que lo son por favorecer ignorantes no tengo que decirte más de que van haciendo actos para graduarse de bestias y que, si supiesen en la opinión que están, darían satisfación al mundo de su engaño. Estos días llegó a la tienda de un mercader de libros un hombre cuya persona estaba obligada, si no a las letras, a buen gusto y, defendiendo a un amigo suyo que ni tenía lo uno ni lo otro, despreciaba atrevidamente el más docto sujeto de nuestra edad en todas facultades y lenguas. Oyolo un estudiante y, admirado de que en aquella persona cupiese tan grande error, consultó un astrólogo y halló que el ignorante y el defensor se miraban de trino en su horóscopo y nacimiento, y el docto y ofendido con el que le ofendía tan adversamente, que era imposible amarse. Con este ejemplo te quiero persuadir a que no escuches opiniones ni apasionados juicios, sino que leas y te entretengas, para que me des ánimo al cumplimiento de la palabra que te prometo y a que imprima otras doce comedias que me quedan de las más famosas que su dueño ha escrito, con llegar ya el número a ochocientas.

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