Volver a los resultados

Prensa y canon · Canon poético

“Romance inédito de Fernando de Herrera a Heliodora”

Autor del texto editado
Herrera, Fernando de (1534-1597)
Título de la obra
Revista de ciencias, literatura y artes, tomo quinto, 1859
Autor de la obra
Cañete, Manuel (dir.); Fernández-Espino, José (dir.)
Edición
Sevilla: Francisco Álvarez y compañía, 1859
Paginación
pp. 304-305
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de Google Libros. (texto completo)
Información técnica
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
Este documento sigue los criterios y lenguaje cifrado de TEI http://www.tei-c.org/About/website.xml
Córdoba, 27 mayo 2026

Romance inédito de Fernando de Herrera a Heliodora


1

Mis esperanzas cansadas
nunca me quieren dejar,
y esfuerzan mi pensamiento
para más penas pasar.

El deseo es atrevido [5]
y el dolor es desigual;
mas cuanto el dolor es grave
tanto es vano el desear.

Pensando mis glorias lloro
en aquella soledad, [10]
y llorando no descanso
ni hago menor mi afán.

No hallo a mi mal consuelo
ni lo deseo hallar,
que quien en ausencia vive [15]
mal se puede consolar.

En estos árboles tiernos
escribo todo mi mal,
Los árboles van creciendo,
y él con ellos a la par. [20]

Huyo de esta fría fuente
que el prado regando va.
y aborrezco el son del río
que mi mal no suena ya.

No tienen olor las flores [25]
ni me pueden agradar,
que no se halla contento
donde mi tristeza está.

La vista del limpio cielo,
sus luces y claridad [30]
no me contentan los ojos
que su bien buscando van.

El día a mí solo es triste,
la noche me ofende más,
porque en ambos desespero [35]
el bien que pude esperar.

Cuanto menguo en la esperanza
tanto más crezco en amar,
que como supe querer
nunca lo supe olvidar [40]

Lloro cuando sale el alba;
cuando el sol entra en el mar
mis suspiros lleva el viento
donde nunca han de tornar.

Cuando el dolor me persigue, [45]
cuando en crecimiento va,
los ojos a aquella parte
vuelvo do mi luz está.

Y digo: «Heliodora mía,
sola causa de mi mal, [50]
pues me dejáis con mi pena,
dejadme de ella quejar.

Porque tengo por injuria
de vuestra inmensa beldad
que pueda vivir sin veros [55]
quien os mereció mirar.

Mas Amor, que fue ocasión
de mi triste soledad,
quiere que sienta viviendo
que es la muerte menos mal. [60]

Tanto me duele esta ausencia,
tanto siento este pesar,
que ni puedo sentir menos,
ni puedo padecer más.

Mas, si debo merecer [65]
por lo que pude penar,
conceded que ose pediros
lo que no debéis negar.

Volvedme tiernos los ojos
do mi bien y mal está, [70]
que no quiero ya más gloria,
ni me atrevo a esperar más.

Y no mostréis a mi pena
lástima de tanto mal,
que no cabe en mi ventura [75]
bien de tanta calidad.

Y, aunque merezco en mis males
compasión de mi penar,
no es bien que sintáis dolor
del que me hacéis pasar». [80]

Volver a los resultados