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Prensa y canon · Canon poético

“La cofia de Garci-Pérez de Vargas”

Autor del texto editado
Sin firma
Título de la obra
Semanario Pintoresco Español, segunda serie, vol. IV, n.º 45, 06/11/1842
Autor de la obra
Mesonero Romanos, Ramón (1803-1882)
Edición
Madrid: Imprenta de Omaña, 1842
Paginación
pp. 359-360
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital de la BNE. (texto completo)
Información técnica
Editor: Mercedes Comellas
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 18 febrero 2026

LA COFIA DE GARCI-PÉREZ DE VARGAS


La historia de las diferentes revoluciones y mudanzas que han experimentado nuestras costumbres de cuatro o cinco siglos a esta parte, sería, según el parecer de algunos, un presente muy interesante para nuestra moral. ¿Con qué placer, dicen, no se vería las preocupaciones de la ignorancia y de la barbarie ir haciendo sucesivamente lugar a una razón sana e ilustrada?

Otros se creen con sobrados fundamentos para dudar que hallásemos mucha materia de triunfo en este paralelo. Y a la verdad, el refinamiento de que al presente hacemos alarde, ¿nos indemnizaría de la rectitud y de la simplicidad que formaban el carácter de nuestros abuelos?

Conocemos, por otra parte, que no somos capaces de erigirnos jueces en esta contestación, además que toda comparación suele ser odiosa. Pero no podemos ocultar que, cuando vemos en nuestras antiguas historias el cuadro de las costumbres de nuestros padres, desearíamos que se hubiese hallado un medio de conservarlas y mezclarlas con las luces, por las cuales nosotros nos lisonjeamos de sobresalir y distinguirnos.

¿Por qué las obras de López de Ayala, de Ocampo, de Garibay, de Valera, y otros muchos escritores de tiempos remotos nos agradan tanto en el día aun a pesar de su lenguaje antiguo? Consiste en que el estilo de estos autores ha tomado el barniz de las costumbres que pintan, y estas costumbres están en la misma naturaleza. He aquí, a nuestro juicio, el verdadero origen de su atractivo 1 .

A este propósito osaremos citar aquí un romance antiguo que hallamos en el apéndice de los Anales de Sevilla de Ortiz de Zúñiga 2 , compuesto con el siguiente motivo:

«Los herberos, que la milicia moderna llama forrajeros, salían cada día escoltados de tropas, a que se alternaban caudillos. Fuelo en uno el famoso Garci-Pérez de Vargas, acompañado de otro caballero, que, inferior en intrepidez, no osó esperar siete moros, que huyeron de Garci-Pérez ya solo, conociéndolo al enlazarse la celada y cobrar con repetida bizarría una cofia, que al ponérsela se le había caído, de que usaba de ordinario por ser muy calvo. Mirábale San Fernando 3 desde su tienda eminente a la campaña, y sin conocerlos los mandaba socorrer; pero conoció a Garci-Pérez en 1as armas don Lorenzo Suárez, y advirtió al rey que para siete moros no necesitaba de socorro tal caballero, cuya valentía exageró san Fernando, y más su modestia, cuando rehusó decir quién era el que lo acompañaba, guardándole con el silencio el honor de que él cuidó tan poco» 4 .

El romance dice así:

Estando sobre Sevilla
el rey Fernando Tercero,
ese honrado Garci-Pérez
iba con un caballero.

Solos van por un camino, [5]
solos van por un sendero;
siete caballeros moros
a ellos venían derechos.

Dijo aquel a Garci-Pérez:
«No es bien que los aguardemos [10]
que dos solos pocos somos
para siete caballeros».
Respondiera Garci-Pérez:
«No es aqueso de hombres buenos,
mas, si vos queréis seguirme, [15]
a todos les romperemos».

No quiso su compañero,
las riendas vuelve partiendo.
Pidió García sus armas,
que las lleva su escudero. [20]

Don Lorenzo Gallinato 5
y el rey están en un cerro;
don Lorenzo dijo al rey:
«Veo solo un caballero,

que, si los moros lo atienden, [25]
él hará un hecho muy bueno.
Veréis, si no le conocen,
un escogido guerrero».

A punto va Garci-Pérez,
su camino va siguiendo. [30]
Los moros en un tropel
ademanes van haciendo.

Pásase por medio de ellos
sin que le conozcan miedo.
En las armas le conocen [35]
y no osaron atendello.

Él se va por su camino,
las armas da al escudero,
echa menos una cofía
que traía so el capiello; [40]

acuerda volver por ella,
fasta do se puso el yelmo.
El escudero llorando
le dijo: «Non fagais eso,

que la cofia vale poco, [45]
y podéis perdernos cedo».
«Espera aquí, no te cures,
que es cofia de mucho precio,

e labrada por mi amiga;
non la perderé si puedo». [50]
Volviendo por do viniera
alcanza los moros prest.

Ellos, que bien le conocen,
no osaron atendello.
Allí hallara la su cofia, [55]
vuélvese con ella ledo.

Dijo el rey a don Lorenzo:
«¡Ay Dios, qué buen caballero!».

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