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Canon poético

Exequias de la lengua castellana. Sátira menipea (fragmento)

Autor del texto editado
Forner, Juan Pablo, 1756-1797
Título de la obra
Exequias de la lengua castellana. Sátira menipea.
Autor de la obra
Forner, Juan Bautista Pablo
Edición
c.1788
Paginación
144-147
Más información
Relación de todos los textos preliminares de la obra:
* «Noticia del autor y razón de la obra, todo en una pieza» («El licenciado don Pedro Hipnocausto…»); pp. 3-45
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar Juan Pablo Forner, Exequias de la lengua castellana, ed. de José Jurado, Madrid, CSIC, 2000 (texto completo)
Información técnica
Encoding: Elena Cano Turrión
Editor: Javier Álvarez
Edición preparada para el Proyecto I+D "BIOGRAFÍAS Y POLÉMICAS: HACIA LA INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA LITERATURA Y EL AUTOR" (SILEM II) RTI2018-095664-B-C21 y C22 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 12 marzo 2020

(…) El reinado de Felipe III, aunque infeliz en la administración de los negocios públicos, no fue sino felicísimo para nuestra habla. Herrera, León y Rioja añadieron a la majestad que ya lograba en sus versos la grandilocuencia y sublimidad que no se había dejado aún ver en la estructura de sus períodos. Los dos Argensolas juntaron con talento admirable las galas de una poesía varonil a la severidad de la moral. Cervantes, ese soldado andrajoso que veis ahí, creó el estilo jocoso y dio inimitables ejemplos de narración fácil y amena, del diálogo urbano y elegante, del arduo modo de expresar con las frases la ridiculez de los hombres. Su pluma fue un pincel en cuanto escribió, y su Quijote es un ejemplar o idea de los estilos más agradables. Entonces yo (permitid esta libertad a mis canas), salido apenas de la edad pueril, traduciendo y imitando al dulce Anacreonte, di, si no me engaña mi amor propio, el primer ejemplo de aquella lozanía que no conocía aún nuestra lengua y que, con excesiva prodigalidad, se dejó ver después en los escritos de los reinados posteriores. Lope, redundante en todo, llenó sus versos y prosas de descripciones amenas, de metáforas ricas, trasladando desde su imaginación al papel cuantas imágenes le ofrecía la portentosa variedad de ideas que depositaba en ella. En este tiempo fue cuando la lengua empezó a tomar diverso semblante del que había tenido en el tiempo anterior. Los escritores que dieron de sí los reinados de Fernando el Católico, Carlos V y Felipe II manifiestan un carácter grave, robusto, natural; las cláusulas caminan con una especie de reposo severo; la estructura de los períodos es lenta y noble (tal vez, poco sonora, aunque muy suave e ingenua). Desde mi época en adelante, facilitando más y más el uso de la lengua con el lujo y esplendidez elegante de la corte de Felipe V, empezó a comparecer rápida, lozana, viva, sonora, jovial, florida, galante, deliciosa; cuyos caracteres se perciben distintísimamente en los escritos de Quevedo, de Ulloa, del Príncipe de Esquilache, de Saavedra, de Calderón y de Solís. Comparad los escritos de estos con los de Herrera, León, Garcilaso, Granada, Mariana y Morales y hallaréis una diferencia tan notable en la expresión de unos y otros cual se halla, con igual motivo e iguales causas, entre los de Lucrecio, Terencio, César, Salustio, Livio, y los de Séneca, Petronio, Floro, Tácito y Curcio, etc., etc.(…)

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