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Canon poético · Paratextos

Prevención de los editores al lector

Autor del texto editado
Porcel y Salablanca, José Antonio (1715-1794)
Título de la obra
El árbol de las lises. Poema que describe los festejos con que el Real Cuerpo de la Maestranza de Granada celebró la paz con la Gran Bretaña y el nacimiento de los dos serenísimos infantes gemelos don Carlos y don Felipe, en los días 25 y 26 de septiembre de 1784.
Autor de la obra
Porcel y Salablanca, José Antonio (1715-1794)
Edición
Málaga: Oficina de Félix de Casas y Martínez, 1784
Paginación
h. 2r-v.
Más información
Relación de los textos preliminares que se encuentran en esta obra:
* h 2r. Prevención de los editores al lector.
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar U/10725(3) de la Biblioteca Nacional de España. Digitalización disponible en (texto completo)
Información técnica
Transcriptor: Rocío Jodar Jurado
Encoding: Carlos Collantes
Edición preparada para el Proyecto I+D “SUJETO E INSTITUCIÓN LITERARIA EN LA EDAD MODERNA” (SILEM) FFI2014-54367-C2-1 y 2-R http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
Este documento sigue los criterios y lenguaje cifrado de TEI http://www.tei-c.org/About/website.xml
Córdoba, 26 septiembre 2018

PREVENCIÓN DE LOS EDITORES AL LECTOR


Las dilaciones, de que no ha sido culpable la Real Maestranza de Granada, que se interpusieron a la ejecución de las funciones proyectadas han motivado también que este papel no haya salido a la pública luz en el tiempo oportuno que pudo, y sale ahora cuando, acaecida la desgraciada pérdida de los reales gemelos, falta uno de los objetos principales de este poema, del que algunos pasajes parecerán que han sido puestos a mano después de aquella desgracia; especialmente en la «Silva» desde el verso, pag. 25, que empieza: «que a tu poder vendrán etc.» hasta el de la 26 que dice: «te dará en su lugar etc.». Pero protesta el autor por cuanto sagrado hay que protestar, y de que pudiera poner testigos calificados, que, estando ya concluyendo su poema, vino la noticia de aquella fatalidad.

Esta enfrió los ánimos para publicar el poema, por no suscitar sentimientos renovando aquella memoria, pero, visto el manuscrito por algunos apasionados e inteligentes, se dolieron de que quedase oscurecido y se determinaron a que viese la pública luz, considerando, por una parte, que no falta el otro principal objeto del poema, cual es la paz; y, por otra, que Virgilio, habiendo muerto el joven Marcelo, hijo de Octavia, hermana de Octaviano, a quien este su tío y toda Roma miraban como sucesor del Imperio, no tuvo inconveniente el gran poeta de leer delante de la madre y del tío aquel famoso pasaje del libro sexto de su Eneida, «Tu Marcelus eris etc.», que tan patéticamente renovó la triste memoria; lo que, lejos de adquirirle la censura de aquellos augustos, le ganó el aplauso de ellos, el de toda Roma y, hoy, el del orbe literario; y, últimamente, ha parecido justo que sean notorias las leales demostraciones que ejecutó en tiempo un cuerpo tan adicto a sus reyes y tan amante de sus príncipes como la Real Maestranza de Granada.

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