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Biografías

“Corina”

Autor del texto editado
Sin firma
Título de la obra
El té de las damas: conversaciones agradables e instructivas entre varias señoras
Autor de la obra
Sin firma
Edición
Madrid: Imprenta de Aguado, 1827
Paginación
p. 305
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar Span Per 61 de University of Connecticut Library (texto completo)
Información técnica
Encoding: Emre Ozmen
Editor: Emre Ozmen
Edición preparada para el Proyecto I+D "BIOGRAFÍAS Y POLÉMICAS: HACIA LA INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA LITERATURA Y EL AUTOR" (SILEM II) RTI2018-095664-B-C21 y C22 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 7 junio 2022

[parte de un texto más amplio, “Conversación X” (p. 284), sobre mujeres destacadas; sigue a Safo en la sección “Mujeres artistas y autoras de obras de imaginación”]

Corina


Basta para el elogio de esta poetisa con saber que fue llamada la musa lírica. Nació en la ciudad de Tanagra, en la Beocia, cuyos habitantes no tenían fama de sabios, antes bien de lo contrario. Estudió la poesía bajo las lecciones de Myrtis, mujer muy celebrada entonces por su talento e instrucción. También asistía a esta escuela Píndaro, al cual fue muy útil Corina con sus juiciosas observaciones críticas, pues le aconsejaba de continuo que no descuidase tanto el comercio de las musas y que emplease en sus poesías la fábula, que debía constituir el fondo principal, pues las figuras de elocución y el ritmo solo deben servir de adorno. Procurando Píndaro aprovechar la lección, compuso una oda, de la que solo nos queda el principio, y se la presentó a Corina, la cual le dijo sonriéndose que debía sembrar con la mano, y no vertiendo el costal, como hacía en aquellos versos, en los que parecía haberse propuesto reunir todas las fábulas, de modo que se ve que, huyendo de un defecto, cayó en el contrario.

Cinco veces disputó Corina el premio de poesía a Píndaro, y lo ganó otras tantas, aunque todos conviniesen que le era inferior. Pausanias dice que dos circunstancias contribuyeron a esto. La una que el auditorio entendía mejor sus versos escritos en dialecto eolio que los de Píndaro, que lo estaban en dórico; y la otra, que, siendo una de las mujeres más hermosas de su tiempo, como se conoce por sus retratos, su extraordinaria belleza deslumbró a los jueces a su favor. Ello fue que Píndaro apeló de esta sentencia ante la misma Corina. Solo nos quedan algunos fragmentos de sus poesías.

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