“Los Roelas de Sevilla. Fray Juan de las Roelas y Córdoba, escritor sevillano. Carta al señor don José Fernández Espino”
- Autor del texto editado
- Barrera y Leirado, Cayetano Alberto de la (1815-1872)
- Título de la obra
- Revista de ciencias, literatura y artes, tomo quinto
- Autor de la obra
- Cañete, Manuel y José Fernández-Espino (dir.)
- Edición
- Sevilla:
Francisco Álvarez y compañía,
1859
- Paginación
- pp. 193-198
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de Google Libros. (texto completo)
Información técnica
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
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Córdoba, 25 mayo 2026
Los Roelas de Sevilla. Fray Juan de las Roelas y Córdoba, escritor sevillano. Carta al señor don José Fernández Espino
Amigo querido:
Tiempo será ya, por mi fe, de que yo cumpla aquella mi consabida palabra. Encariñado con otras tareas, he dejado pasar meses y meses. En los de mayo y junio de 1857 publicó usted de nuevo en la Revista sus excelentes artículos sobre la estimable obra del señor Latour Estudios sobre España, Sevilla y Andalucía; y ahora salgo yo a plaza con la prometida nota. La calma es como mía, y la nota no ha de desmentir la casta .
Discurriendo usted en el segundo de aquellos artículos sobre la tradición que pudo tal vez dar al gran Lope asunto para su afamado drama La Estrella de Sevilla, estampa los siguientes párrafos:
«Pero el no encontrarse en los Anales de Zúñiga, ni en Rodrigo Caro, ni en Morgado, ni en ningún otro escritor de esta ciudad, según recordamos, la más ligera noticia de este grave y dramático suceso, ni del claro linaje de los Taveras, ni del de su matador, muévenos a sospechar que acaso la tradición haya nacido de la inventiva del poeta». «Solo recordamos de este apellido (añade usted en nota al pie, relativamente al matador) al célebre pintor, el licenciado Juan de las Roelas, autor de los hermosos lienzos de la iglesia de la Universidad».
Yo, pues, amigo mío, dejando intacta la principal cuestión, voy a tener el gusto de lisonjear el de usted con dos de esas noticias, valiéndome no de ignorados manuscritos, sino de dos libros impresos en Andalucía, para probarle que el linaje de los Roelas es de los buenos y antiguos de Sevilla; y para darle conocimiento de otro sevillano de ese apellido, escritor recomendable por su acendrada piedad religiosa y sus eruditos estudios.
Cabalmente es don Diego Ortiz de Zúñiga y Avellaneda el autor del primero de esos libros. Sí, mi amigo: el erudito analista, en obsequio y para realce de su alcurnia propia , escribió el Discurso Genealógico de los Ortizes de Sevilla y le dio a la estampa en Cádiz, año de 1670 (4°). En este librito, nada frecuente y de algún precio para la historia literaria, hallará usted el siguiente párrafo:
«Algunos conquistadores (de Sevilla) celebra Luis de Belmonte, poeta sevillano, en La Hispalia, poema que dedicó a don Juan de Arguijo:
Esquiveles, Ortizes y Roelas,
los de Casaos, Moscosos y Medinas,
vivas en los ijares las espuelas,
investigan empresas peregrinas».
¿Qué tal? ¿Es o no peregrina también esta noticia de noticias? El comunicársela yo a usted me cuesta un pequeño sacrificio: el de desflorar mi Catálogo biográfico del Teatro antiguo Español. Yo creo en efecto, amigo, que el poeta sevillano Luis de Belmonte, autor de la desconocida Hispalia, es el agudísimo cuanto ingenioso dramático Luis de Belmonte Bermúdez, que pasó muy joven al Nuevo Mundo, residía en Lima por los años de 1605, volvió a España antes del de 1610 y publicó en Sevilla el de 1616 (imprenta de Francisco de Lira) su rarísimo poema La Aurora de Cristo. Por esta época hubo, sin duda, de ofrecer La Hispalia al insigne mecenas Arguijo, que, según consta documentalmente, vivía por julio del año 1622 y falleció antes de 1650. Gran placer tendría yo en que, merced a estas indicaciones, pudiesen ustedes con nuevos datos enumerar decididamente entre sus paisanos al donoso autor de El mayor contrario amigo, El sastre del Campillo, El Satisfecho (escrita y firmada en Sevilla, año de 1634), Afanador el de Utrera y tantas otras producciones dramáticas, la mayor parte apenas conocidas.
Volviendo a los Roelas, vemos acreditada por un texto de dos siglos y medio de antigüedad, su concurrencia con el Santo Rey a la conquista de esa ciudad insigne. Que este linaje siguió radicado en Sevilla desde luego pudiera inferirse del nacimiento en ella del insigne pintor citado, pero se confirma y evidencia más con la segunda de mis noticias prometidas.
Por los años de 1598 al de 1608 se escribía y algunos después se publicaba en esa ciudad un libro intitulado Hermosura corporal de la Madre de Dios. Compuesto por el reverendo padre maestro fray Juan de las Ruelas, natural de la ciudad de Sevilla, del orden de nuestra Señora del Carmen y difinidor en la Provincia del Andalucía. Dirigido a Doña Leonor de Zúñiga y Sotomayor, marquesa de Ayamonte. (Grabado: dentro de un templete el escudo de armas de la casa de Bejar, o sea, de los Zúñigas y Sotomayores; partido en pal: sobre él una imagen de nuestra Señora, y a los lados los escudos de la orden carmelitana). Con Privilegio. Impreso en Sevilla, por Diego Pérez. Año de 1621. (En 4º: de 223 folios y 12 más de preliminares).
Lleva este libro tres aprobaciones por parte del instituto religioso a que el autor pertenecía. La primera es del padre maestro fray Alonso de Bohórquez, dada en el convento de San Alberto de Sevilla, a 10 de abril de 1606. La segunda y tercera, respectivamente, de los padres fray Baltasar Valdés y fray Luis Velázquez de Godoy Vato, firmadas en el mismo convento a 15 y 16 de febrero de 1613. Le aprobó por el Consejo en Madrid el padre Rafael Girau, de la Compañía de Jesús. Expidióse el Real Privilegio al autor en mayo de 1616. Las licencias por la Orden son dos: una, del 26 de noviembre de este último año, en la cual va comprendido otro libro del sutor mismo, denominado Itinerarium pro tempore quadragessimæ; y la segunda, que firma en Sevilla, a 8 de febrero de 1624 el padre provincial, maestro fray Francisco de Hojeda 1 . La tasa y fe de erratas son de Madrid, 1624. A la dedicatoria y prólogo del autor se siguen dos composiciones panegíricas: una canción del carmelita fray Juan Alcaide y un soneto acróstico de don Carlos de Silva que incluye el nombre de fray Juan Roelas. Recuerda este en su dedicatoria a la ilustre señora hija del duque de Béjar (aquel magnate a quien tanto renombre ha dado la del Quijote, por él tan desagradecida); las continuas mercedes que la debian, asi en Castilla como en Andalucía, los institutos y casas de religión. «Al fin» (dice) «hijas de tal padre: quien no conoció a el de Béjar no supo cuán gran príncipe fue y cuán amigo de religiosos, y qué gran señor en esta materia». Alentado con estas disposiciones y teniendo presentes los particulares favores que él en tiempos había recibido del duque, se anima a poner aquella obra bajo la protección y sombra de tan buen árbol. Concluye con mil corteses ofrecimientos, y expresamente hace mérito de ser Córdoba el marqués de Ayamonte, esposo de aquella señora; al paso que él se firma: Fray Juan de las Ruelas y Córdoba. Prueba bien clara de que se preciaba de linajudo.
Es curioso por estremo su prólogo al lector. «El año de noventa y ocho (dice) comencé a escribir este tratado, y dentro de diez años lo acabé, porque no pude con más brevedad, respecto de ocuparme en seguir y leer escuelas, trabajo que pide no divertirse a otra cosa. Antes que yo tomara este asunto, ninguno hallé de los modernos que tratase de la Hermosura de la Madre de Dios; después de este tiempo han despertado algunos doctores a escribir algo en este particular ...». Cita de estos a Barradas, Viegas, Abrego y Granado. Refiere después que en el periodo transcurrido desde que terminó la obra hasta su publicación otro se le anticipó, aprovechándose de ella por descuido de cierto religioso, predicador de fama, a cuya censura la tenía encomendada. Promete una continuación, que sin duda no llegó a publicar.
De buena gana trasladaría yo aquí, amigo mío, algunos pasajes de este libro para demostrar la verdad y exactitud con que le calificaron sus censores de dirigido a inspirar la más afectuosa devoción a la Santísima Virgen, con moral y católica doctrina y con lección copiosa, asi de las divinas como humanas letras. Es verdaderamente admirable la erudición del autor, que ilustra y ordena la obra sin hacerla cansada. Traduce todos los pasajes latinos y se expresa en lenguaje muy puro y con estilo exento de afectación y ampulosidad.
De la licencia firmada por el padre Hojeda consta que por febrero de 1621 era nuestro fray Juan de las Roelas prior de su convento de Sevilla. Ocupábase en leer y seguir escuelas por el año de 1598, poseyendo al mismo tiempo el caudal de erudición indispensable para escribir una obra fundada toda en citas de los libros sagrados y de gran número de autores de la antigüedad. Puede por tanto creerse que nacería de 1570 a 1574. El pintor licenciado Juan de las Ruelas nació en 1558 a 60 y falleció en 1625.
En vano buscará usted, amigo, en el libro del docto fray Juan curiosas noticias sobre las imágenes de Nuestra Señora más notables por su mérito artístico a la sazón existentes en Sevilla; ni sobre profesores de pintura y escultura. Solo una vez, hablando de la proporción geométrica del cuerpo humano, se refiere al parecer que le comunicó sobre este punto «un valiente y afamado pintor muy curioso en su arte».
He cansado a usted ya bastante, querido amigo, con mi locuacidad bibliográfica. Usted disponga del libro del padre Roelas y del afecto con que se repite suyo y besa su mano
CAYETANO ALBERTO DE LA BARRERA.
Madrid, 3 de Febrero de 1959