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Prensa y canon · Biografías

“BOLETÍN DE LA ABEJA. Estatua de Miguel de Cervantes”

Autor del texto editado
Sin firma
Título de la obra
La Abeja, núm. 424, 1835-06-27
Autor de la obra
Pacheco, Joaquín Francisco (1808-1865) (dir.)
Edición
Madrid: Imprenta de Tomás Jordán, 1835
Paginación
p. 1
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Carmen Calzada Borrallo
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 6 junio 2025

BOLETÍN DE LA ABEJA.

Estatua de Miguel de Cervantes.


Del Diario di Roma copiamos el siguiente artículo:

«Estatua de Miguel de Cervantes. — La verdadera prueba de civilización de un pueblo es, sobre todas, la veneración a la memoria de los hombres ilustres y célebres en las letras y en las artes. Todo el que esté dotado de sentimientos de gratitud se congratulará de ver que España va erigiendo monumentos en memoria de sus más famosos hijos, y mayormente el de la estatua en bronce de Miguel de Cervantes, cuyo modelo se encargó a la maestría del célebre escultor Antonio Solá, de Barcelona, consejero y censor de la Academia de San Luca y director de los pensionados españoles en Roma 1 . Obra insigne, honor de las artes de España no menos que de Roma, adonde vino Solá muy joven, donde se ha hecho el modelo, y donde se ha fundido en bronce por los célebres artistas prusianos los señores. Luis Jollage y Guillermo Hopfgarten.

Nadie merecía como Cervantes que la España le dispensase este honor, pues fue casi el fundador de su noble literatura, como lo prueban el Quijote y las novelas, modelo de lenguaje, vivacidad y cultura. Los italianos debemos gozar igualmente y vanagloriarnos de tan generosa idea, tanto por el aprecio que Cervantes hizo siempre de esta madre venerable de las naciones, como por haber vivido mucho tiempo en Roma, Nápoles, Florencia y Venecia, y haber estado en Ferrara con el célebre y desgraciado ingenio de Tasso, con quien trató. A todo lo que podría aún añadirse otro motivo, y es el de haber estado en la corte del italiano cardenal Aguaviva, y haber combatido en el año de 1571 en Lepanto en la flota que mandaba el italiano Marco Antonio Colonna; pues Cervantes, lo mismo que Alighieri y Camoens, fue militar, y tanto en esto como en su singular ingenio y en pobreza y desgracias se les pareció mucho. Vivió lleno de miseria, y murió pobremente a los 69 años en Madrid el 23 de abril de 1616, en el mismo día (cosa singular) en el que la Inglaterra perdió el fundador de su literatura, Guillermo Shakespeare.

Loor al señor de Solá, el que con tanta verdad y perfección del arte nos hace ver la imagen de este famoso escritor. Le vemos en ella, es el mismo Miguel de Cervantes, cual lo manifiesta aquella noble figura, su espaciosa frente, aquellos ojos llenos del fuego del alma, aquel andar franco tan natural al hombre de armas y de aventuras, y aquel aire en que se ven las maneras españolas del siglo XVI. Lleno de una sublime imaginación, está en actitud de mudar el paso, actitud que no podía con más facilidad y maestría mostrarse por el artista, ya por el movimiento natural de las piernas al que acompaña el de toda la persona, ya por el contraste de los pliegues del vestido, y especialmente de la capa que el aire mueve con suavidad. En la mano derecha tiene un lío de papeles, muestra de un literato; la izquierda la tiene sobre el puño de la espada, en prueba de su profesión militar y nobleza de sus antepasados; y para ocultar la imperfección de esta mano a causa de una herida de arcabuz que en ella recibió en la batalla de Lepanto, Solá ha tenido la singular idea de cubrirla con un pliegue de la capa, conservando de este modo todo lo perfecto, sin exponerse a la censura de los que exigiesen la verdad.

Todo es vida en esta estatua, todo vivacidad, al mismo tiempo que se ve la dignidad. Y como intendente de las bellas artes digo, como sentencia universal, que esta estatua es una de las más célebres que se han hecho en este siglo; y una de las más importantes por ser del hombre tan grande que representa. Añadiré además que hace muchos años que no se ha fundido otra igual en bronce en este país, pues es semicolosal, teniéndo diez palmos y medio de altura. —Salvador Betti, secretario perpetuo de la insigne y pontificial Academia Romana de San Luca».

Nota de la redacción. Con el mayor placer y gloria española trasladamos a nuestros lectores esta sucinta explicación de la estatua de nuestro inmortal Miguel de Cervantes Saavedra, tan justa y universalmente celebrado, la que está en la casa del excelentísimo señor Comisario General de Cruzada, donde pueden verla todos los que gusten, y admirar en ella la perfección y gusto con que está concluida.

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