“Vida de Miguel de Cervantes Saavedra, escrita por don Martín Fernández de Navarrete, del consejo de S. M., de las academias española y de la historia, y publicado por la academia española. Un tomo en 8.º marquilla.”
- Autor del texto editado
- Sin firma
- Título de la obra
- Miscelánea de comercio, artes y literatura, nº 105, 13-06-1820
- Autor de la obra
- Burgos, Francisco Javier de (dir.)
- Edición
- Madrid:
Imprenta de Repullés,
1820
- Paginación
- pp. 3-4
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Juan Montero
Encoding: Noelia Santiago López
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Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 14 marzo 2025
Vida de Miguel de Cervantes Saavedra, escrita por don Martín Fernández de Navarrete, del consejo de S. M., de las academias española y de la historia, y publicado por la academia española. Un tomo en 8.º marquilla
Después de los muchos y eruditos afanes de tantos y tan esclarecidos literatos como se han dedicado a investigar y escribir los sucesos de Cervantes , y a ilustrar y dar a conocer sus obras, podrían parecer superfluas e impertinentes nuevas investigaciones sobre el mismo asunto; pero cualquiera que lea con reflexión esta historia civil y literaria del inmortal autor del Quijote hallará en ella tanta novedad, que, si la compara con las anteriormente publicadas por Mayans, Ríos y Pellicer, creerá acaso que es la de otro sujeto diferente. El estímulo de una nación extraña, Inglaterra, despertó entre nosotros el recuerdo y la estimación hacia este grande hombre, cuyos contemporáneos no solo se desdeñaron de escribir circunstanciadamente los sucesos de su vida, sino que dejaron que se ignorase su verdadera patria. Pero desde el año de 1737 se empezó a difundir en la nación un noble entusiasmo, que, laudable y generoso de parte de los sabios extranjeros, debe ser en nosotros una obligación rigurosa, si estimamos en algo el honor nacional y la gloria de nuestra literatura. Por otra parte, la natural propensión de los hombres a interesarse en los acontecimientos de aquellos que son objeto de su admiración; lo que estas indagaciones ilustran la historia literaria y civil, al mismo tiempo que hacen conocer las costumbres antiguas y las irregularidades del espíritu humano; y, finalmente, el ejemplo de lo que han hecho otras naciones cultas aun con autores menos clásicos, son otros tantos motivos que recomiendan y ensalzan los trabajos dirigidos a escribir una nueva vida de Cervantes y a facilitar con ella la inteligencia de muchos pasajes de sus obras.
Muy distantes de creer que la empresa del señor Navarrete necesite de apología, como modestamente se explica él mismo, vamos a mostrar a nuestros lectores cuán digno de elogio es su desempeño.
“No perdió de vista Cervantes”, dice, “a los excelentes maestros de la antigüedad, a quienes contempló siempre como el tipo o dechado del mejor gusto en la literatura, según se ve en las imitaciones que hizo de Apuleyo, de Heliodoro, de Horacio y de Virgilio, sin sujetarse por esto a caminar servilmente por sus huellas; antes bien, remontando atrevidamente el vuelo de su imaginación, halló en la naturaleza nuevos caminos que seguir y veneros intactos y riquísimos de maravillosa invención, de que supo aprovecharse para su propia gloria y utilidad del género humano. Elevación de espíritu, energía de carácter que adquirió más con el trato de hombres sabios, con el conocimiento del mundo y con su profunda meditación que con la estéril especulación de los libros o con los métodos abstractos y sutiles de las escuelas”. En efecto, una gran parte de sus conocimientos los debió a los países en que había peregrinado y a donde le condujo su carrera militar, porque, tratando en todos ellos con los literatos más aventajados, estudiando sus obras y sus libros, y examinando con crítica y con imparcialidad su política e ilustración, sus virtudes y sus vicios, sus aciertos y sus errores, adquirió aquel caudal de exquisita erudición, aquel juicio recto y puro, y aquella amenidad y gracia en el estilo que caracteriza sus obras, y, sobre todo, aquella verdad en las pinturas y descripciones, que, tomada de la misma naturaleza y retratada de sus propios sucesos, embelesa y arrebata el ánimo de los lectores, sean nacionales o extranjeros, porque tal es el efecto de lo sublime en las obras de imaginación.
Si en la nueva vida de Cervantes está retratado su carácter literario con verdad y maestría, no está menos bien pintado su carácter moral. Los extraordinarios sucesos durante su esclavitud en Argel, que, poco conocidos hasta aquí, aparecen ahora los mejor comprobados de toda su vida, al paso que son los más curiosos e interesantes que puede presentar la historia particular de los hombres, muestran la grandeza de su alma y sus singulares virtudes. No es menos digna de alabarse la generosidad y circunspección que usó con su impertinente continuador Avellaneda, a cuyos necios ultrajes e insolentes calumnias opuso la templanza y urbanidad de su prólogo, que puede ser modelo de contestaciones literarias, y las ingeniosas y festivas invectivas que entretejió con las aventuras de su héroe, alusivas a la flamante historia del disfrazado aragonés. En fin, la magnanimidad con que sobrellevó su honrosa pobreza y los continuos desaires de la fortuna nos dan a conocer cuál era el temple de su alma, y que en toda la conducta de su vida supo, como verdadero filósofo cristiano, ser religioso y timorato sin superstición, celoso de su creencia y del culto sin fanatismo, amante de su patria y de sus paisanos sin preocupación, valiente y alentado en la guerra sin presunción ni temeridad, generoso y caritativo sin ostentación, agradecido en extremo, pero sin abatimiento ni adulación, ingenuo y sencillo, hasta apreciar tanto que le advirtiesen sus errores como que le alabasen sus aciertos.
Así aparece Cervantes en la nueva historia de su vida, que no hemos creído poder recomendar mejor que presentando esta muestra. En su primera parte se halla la narración histórica de los hechos, escrita con la extensión y novedad que ofrecen los recientes descubrimientos, con la sagacidad y tino que dicta una crítica juiciosa y delicada, y con la gravedad y compostura que exige la dignidad de la historia, cualidades que brillan igualmente en los juicios críticos que se hacen de las diversas obras de Cervantes. La segunda parte es una colección de ilustraciones y documentos, casi todos inéditos y curiosísimos, con los cuales se aclaran y confirman no solo los hechos peculiares a Cervantes, sino varios puntos de la historia civil y literaria de su tiempo enlazados con ellos; y se hacen varias observaciones importantes para la inteligencia de sus obras, especialmente del Quijote, de cuyas ediciones y traducciones se da una completa noticia. La parte tipográfica, ejecutada con esmero, el retrato de Cervantes soberbiamente dibujado y grabado por Ametller, todo, en fin, hace mirar esta obra como un digno homenaje nacional, tributado al eminente historiador del ingenioso hidalgo manchego.