“BIOGRAFÍA ESPAÑOLA. El doctor Bernardo de Balbuena”
- Autor del texto editado
- B.M.
- Título de la obra
- Semanario Pintoresco Español, nueva época, tomo II, nº 15, 11 abril 1847
- Autor de la obra
- Fernández de los Ríos, Ángel (dir.)
- Edición
- Madrid:
Imprenta de Baltasar González,
1847
- Paginación
- pp. 119-120
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Transcriptor: Raquel Gutiérrez Sebastián
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
Editor: Pedro Ruiz Pérez
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Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 1 octubre 2024
BIOGRAFÍA ESPAÑOLA
El doctor Bernardo de Balbuena
Nació en Valdepeñas, pueblo de la Mancha a ocho leguas de Ciudad Real, en 22 de noviembre de 1568: fueron sus padres don Gregorio Villanueva y doña Luisa Balbuena, descendientes ambos de familias nobles.
En 1697 [1625], ya de edad de 57 años, fue nombrado abad de la isla de la Jamaica, y en 1620 obispo de la de Puerto Rico, habiendo muerto en esta dignidad el 11 de diciembre de 1627 de edad de 59 años; asistió al concilio provincial de Santo Domingo en los años de 1622 y 1623.
La primera obra que dio a luz fue la Grandeza Mejicana, poema dividido en ocho cantos, en prosa y verso, impresa en Madrid en 1604 en octavo; a esta siguió el Siglo de oro en selvas de Erífile: de la que dice en su dedicatoria al célebre conde de Lemus, protector nato de todos los grandes talentos de su tiempo, como lo fue del inmortal Cervantes, “que lo había escrito en el verano de su niñez (por supuesto antes de ir a América), y que cuasi sentía haber hallado ahora a su vuelta los manuscritos (esto lo decía en Madrid en 31 de octubre de 1607) que ya tenía por perdidos, y que fueron los que le cortaron la pluma para escribir el poema del Bernardo”; se imprimió el Siglo de oro en Madrid en 1607 y 1608, en octavo, en casa de Alonso Martín.
La última producción suya que se conoce fue el poema heroico El Bernardo o victoria de Ronces-valles, que también fue impreso en Madrid por Diego Flamenco en 1624 en cuarto, y reimpreso por Sancha en 1807 en 3 tomos octavo mayor; las demás obras suyas han perecido.
Nadie desde Garcilaso ha dominado como Balbuena la lengua castellana, la versificación y la rima, y nadie al mismo tiempo es más desaliñado y desigual. Su poema, semejante al nuevo mundo, donde el autor vivía cuando lo escribió, es un país inmenso y dilatado, tan feraz como inculto, donde las espinas se hallan confundidas con las flores, los tesoros con la escasez, los páramos y pantanos con los montes y selvas más elevados y frondosas. Si a veces sorprende por la soltura del verso, por la novedad y viveza de la expresión, por su gran talento en describir, en que no conoce igual, y aun tal vez por su osadía y profundidad de sus sentencias; más frecuentemente ofende por su prodigalidad inoportuna y por su inconcebible descuido. El mayor defecto del Bernardo es su extensión excesiva, siendo materialmente imposible dar a una obra de cinco mil octavas la igualdad y elegancia continuada que son precisas para agradar.
Las églogas del Siglo de oro no tienen los defectos de composición que el poema, y gozan en la estimación pública el lugar más próximo a las de Garcilaso; sin duda le merecen, atendida la propiedad de estilo, la facilidad de los versos, la oportunidad y frescura de las imágenes y la sencillez de la invención; si sus pastores no fueran a veces tan rudos; si hubiera tenido un cuidado más constante con la elegancia en la dicción y con la belleza en los incidentes; si pusiera, en fin, más variedad en la versificación, reducida casi enteramente a tercetos, no dudo que el buen gusto le concediera en esta parte una absoluta primacía.
Por último el mejor elogio de este ilustre manchego, es el que de él hizo Lope de Vega Carpio en su Laurel de Apolo; dice:
Y siempre dulce tu memoria sea,
generoso prelado,
doctísimo Bernardo de Balbuena.
Tenías tú el cayado
de Puerto Rico cuando el fiero Enrique, [5]
holandés revelado,
robó tu librería,
pero tu ingenio no, que no podía,
aunque las fuerzas del olvido aplique.
¡Qué bien cantaste al español Bernardo! [10]
¡Qué bien al siglo de oro!
Tú fuiste su prelado y su tesoro,
y tesoro tan rico en Puerto Rico
que nunca Puerto Rico fue tan rico.
B. M.