“Lupercio Leonardo de Argensola”
- Autor del texto editado
- Sin firma
- Título de la obra
- Álbum pintoresco universal, Tomo 3, 01/01/1843
- Autor de la obra
- Oliva, Francisco (dir.)
- Edición
- Barcelona:
Imprenta de D. Francisco Oliva,
1843
- Paginación
- p. 66
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Carmen Calzada Borrallo
Encoding: Noelia Santiago López
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Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 30 septiembre 2024
LUPERCIO LEONARDO DE ARGENSOLA
ARGENSOLA (Lupercio Leonardo de), natural de Barbastro, en el reino de Aragón; nació en 1563, estudió en Huesca Filosofía y Leyes, y en Zaragoza lenguas, elocuencia y demás ramos de la bella literatura. Pasó luego a Madrid de secretario del duque de Villahermosa y bien pronto empezó a dar a conocer su talento y numen poético con la publicación de las tres Filis, Isabela y Alejandra, las cuales, según afirma Cervantes, fueron muy aplaudidas en el teatro. Los destinos que obtuvo sucesivamente prueban la reputación y el crédito que había adquirido desde muy joven. Sirvió de secretario a la viuda del emperador Maximiliano II y de gentilhombre de cámara a su hijo el archiduque Alberto. Luego que subió al trono Felipe III, fue nombrado cronista de Aragón; y, después de haber empleado algunos años escribiendo los Anales de este reino, obra que tuvo muy adelantada y cuyo paradero se ignora, vuelto desde Zaragoza a Madrid, cuando el conde de Lemos estaba para partir a Nápoles de virrey, fue elegido por este para secretario del virreinato. En este empleo acabó sus días muriendo en Nápoles en 1613, y a los 50 años de edad. Tanto en su carrera política como en la literaria gozó de la más alta reputación y en medio de una gloria inalterable, vivió sin haber experimentado jamás los reveses de fortuna. Fue mirado en su tiempo como uno de los primeros poetas de la nación; y, aunque juzgando por los hermosos versos que de él nos quedan, no merezca el lugar que sus contemporáneos le cedieron, colocándole con su hermano al lado del mismo Horacio, es, no obstante, muy doloroso que tuviera el arrebato de quemar en cierta ocasión todas sus poesías, de modo que solo han llegado a nosotros las que entonces estaban en poder de sus amigos. Pero estos pocos versos que nos salvó la casualidad bastan para conocer sus talentos poéticos y para honrar sus sienes con la misma corona que a su hermano Bartolomé.