[Biografía de Alonso de Ercilla]
- Autor del texto editado
- Carvajal, Rafael de] R. de C.
- Título de la obra
- El Fénix. Periódico universal, literario y pintoresco, nº 90, 20 de junio 1847
- Autor de la obra
- Carvajal, Rafael de (dir.)
- Edición
- Valencia:
Imprenta de Benito Monfort,
1847
- Paginación
- p. 385
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Transcriptor: Isabel Román Gutiérrez
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 17 septiembre 2024
Don Alonso de Ercilla nació en Madrid, en 7 de agosto de 1533, según la opinión más digna de crédito, aunque algunos suponen que fue en 1540, y que era natural de Bermeo, de donde solo era oriundo. Fueron sus padres don Fortún García de Ercilla y doña Leonor de Zúñiga, señora de Robadilla y guardadamas de la emperatriz Isabel, esposa de Carlos V, en cuya corte y palacio se crio en calidad de paje o menino.
Destinado al servicio del príncipe don Felipe, después Felipe II, lo acompañó, siendo todavía muy joven, a Italia, los Países Bajos y, más tarde, también a Inglaterra, cuando fue a casarse con la reina María, hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón. Veintiún años contaba apenas el valiente Ercilla cuando acaeció la famosa insurrección de los estados de Arauco, en Chile, y, entusiasmado por la gloria militar, abandonó el servicio personal de don Felipe y fue a combatir en el Nuevo Mundo por la defensa de los dominios de España, embarcándose con el general nombrado para aquella expedición, don Jerónimo de Alderete, varón de grande fama y esforzado corazón. La muerte de este caudillo, acaecida en Panamá, lejos de desanimarlo, lo confirmó en su propósito, y se dirigió a Lima, donde tomó parte en la expedición enviada contra aquellos insurgentes por el virrey marqués de Cañete, al mando de su hijo don García Hurtado de Mendoza, nombrado capitán general de Chile. En aquella lucha tan tenaz y sangrienta no hubo escaramuza ni batalla en que don Alonso no tomara parte, como él mismo lo atestigua en los siguientes versos:
Pisada en esta tierra no han pisado
que no haya por mis pies sido medida;
golpe ni cuchillada no se ha dado
que no diga de quién es la herida.
Aquellas singulares batallas sostenidas por el indómito valor de los habitantes de los valles de Arauco y su admirable disciplina, aquellas regiones tan diversas de las de Europa y aquella naturaleza tan grande y variada le hicieron concebir el deseo de pintar lo que a su vista pasaba, y, no bastando a su entusiasmo la severa narración de la historia, se hizo poeta. A esto es debido el celebrado poema de La Araucana, cuyos primeros quince cantos compuso en medio de los azares y riesgos de aquella terrible guerra, falto de todo recurso y escribiendo en cortezas de árboles, pedazos de pergamino o pequeños trozos de papel.
A los nueve años de su partida para América volvió a España, donde publicó esta primera parte de su poema dedicado a Felipe II, y la segunda, en que comprendió los más notables sucesos de aquel reinado, la publicó en 1578. Contrajo en este tiempo matrimonio con doña María de Bazán, de la ilustre casa de los marqueses de Santa Cruz, y fue nombrado gentilhombre de palacio y caballero de la orden de Santiago. En 1589 dio a luz la tercera parte de su poema y pasó al servicio del emperador Rodolfo II, ignorándose el año de su muerte y el sitio en que reposan sus cenizas, aunque se supone que debió ser en 1592.