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Prensa y canon · Biografías

“Biografía. Don Agustín de Salazar y Torres”

Autor del texto editado
Burgos, Javier de (1778-1849)
Título de la obra
El Panorama. Revista de literatura y artes, tercera época, año cuarto, nº 106
Autor de la obra
Azcona, Agustín (dir.)
Edición
Madrid: Imprenta de El Panorama, 1841
Paginación
pp. 11-12
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Transcriptor: Isabel Román Gutiérrez
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 23 agosto 2024

BIOGRAFÍA

[...]

Don Agustín de Salazar y Torres


Hijo primogénito de los ilustres señores don Juan de Salazar y Bolea y doña Petronila de Torres y Montalvo, nació en Soria el 28 de agosto de 1642. A los cinco años pasó a América con su tío don Marcos de Torres, obispo de Campeche, que murió de virrey en Méjico, y a su lado aprendió don Agustín las humanidades, en que hizo tales progresos que a los 19 años recitó en el colegio de la Compañía de Jesús de Méjico las Soledades y el Polifemo de Góngora, y comentó los lugares más oscuros de ambas obras. En la universidad de la misma capital estudió filosofía y ambos derechos; diose después a conocer por poesías elegantes, y a la sombra del duque de Alburquerque, virrey que había sido de Nueva España, pasó enseguida a Madrid. Allí entabló luego conocimiento con el ilustre D. Pedro Calderón de la Barca, con cuyo trato y consejos adelantó tanto que a poco tiempo logró que sus comedias tuviesen un aplauso general y que se le encargasen muchas fiestas de la corte.

Casado después con doña Mariana Fernández de los Cobos, de muy ilustre familia, siguió don Agustín en Alemania al duque de Alburquerque, que, hecho virrey de Sicilia, iba sirviendo a la emperatriz, y Salazar escribió su real jornada, su epitalamio y otras poesías festivas. Vuelto con el duque a Sicilia, fue nombrado sargento mayor de Agrigento, y enseguida capitán de armas del virrey; pero, abandonado luego por este y perseguido por sus émulos, dejó su destino y volvió a Madrid, donde a los 33 de su edad le arrebató la muerte el 29 de noviembre de 1675, cuando los frutos de su talento dramático empezaban a madurarse. Lloráronle en pomposos sonetos y elegías muchos hombres de letras, y seis años después de su muerte sacó a luz sus obras su íntimo amigo don Juan de Vera Tasis y Villarroel, en el mismo tiempo en que se ocupaba en reunir las de su otro grande amigo, don Pedro Calderón de la Barca.

La edición de las obras de Salazar hecha por Vera Tasis es de 1681, en Madrid, en dos tomos en 4°, de los cuales el primero contiene todas las poesías sueltas del malogrado joven, conceptuosas e hinchadas según el uso del tiempo, aunque hay algunas fáciles y preciosas. El segundo tomo comprende nueve comedias, a saber: Elegir al enemigo, El amor más desgraciado, o Céfalo y Procris, La mejor flor de Sicilia, También se ama en el abismo, Los juegos olímpicos, El encanto en la hermosura, El mérito en la corona, Tetis y Peleo, Triunfo y venganza de amor; las seis primeras representadas a sus majestades., y todas con sus correspondientes loas.

Los argumentos de las piezas de Salazar abrazan, como todas las de su siglo, un espacio indefinido de tiempo y una ilimitada extensión de lugar. En cuanto al estilo, el de Salazar es más parecido al de Lope de Vega y Tirso de Molina que al de Calderón y Rojas, aunque sin serlo bien al de unos ni otros. En Salazar hay mucha poesía lirica y mucho hablar el poeta cuando debía hablar el interlocutor; pero, aunque las ideas no estén en su lugar lo más del tiempo, son ideas buenas y bien expresadas. Sirvan de ejemplo estos versos de la primera escena de Elegir al enemigo:

Todo es horrores la noche;
la vista apenas distingue
el escollo más soberbio
de la planta más humilde.

La imaginación tropieza [5]
aun antes que el pie la avise.
Aún da pavor, aún da «espanto
ver que algunos astros brillen.

¿Como serán las tinieblas
si son las luces horribles? [10]


Muchos que querían pasar por poetas, sin serlo, recogieron algunas de las poesías de Salazar y, muerto este, tuvieron la audacia de apropiárselas. Vera Tasis reclamó contra esta vergonzosa superchería, pero parece que en vano. El título que él dio a la colección de las obras de Salazar es Cítara de Apolo, que dedicó a la reina doña Mariana de Austria.

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