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Prensa y canon · Biografías

“VARIEDADES. TEATRO. La Amarilis: María de Córdoba y de la Vega”

Autor del texto editado
Sin firma
Título de la obra
El guardia nacional, nº 326
Autor de la obra
Ferré, Luis (dir.)
Edición
Barcelona: Imprenta del Guardia Nacional, 1836
Paginación
pp. 1-2
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Transcriptor: Victoria Aranda Arribas
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 31 julio 2024

VARIEDADES

TEATRO

La Amarilis: María de Córdova y de la Vega


Floreció esta decantada y linda actriz española conocida por la Amarilis, con alusión a la hermosísima flor que lleva este nombre, entre los reinados de Felipe III y Felipe IV; es decir, a últimos del siglo XVI y principios del XVII, y fue la admiración o, más bien, el asombro histriónico de su tiempo. Hablando el ilustrísimo don Juan Caramuel de esta actriz, dice: “Descolló por este mismo tiempo entre las actrices la Amarilis, que así la llamaban, prodigio en su profesión. Recitaba, cantaba, tañía, bailaba, y todo cuanto hacía lo ejecutaba con tal arte y perfección, que arrastraba los aplausos y alabanzas del público”.

A la verdad, no fueran estas ni aquellos tantos si apareciera ahora la Amarilis en nuestra escena, después de la necesaria y justa reforma que en muchas cosas ha experimentado. En el día se exige de los actores algo más de lo que en aquellos tiempos bastaba para alucinar a la multitud y arrastrar el voto de los espectadores. El difícil arte de la declamación estaba naciente entonces, y no tanto se buscaba la propiedad, la exactitud y la verdad en la locución, en las maneras y en los trajes de los actores como ciertos rasgos originales, característicos y caprichosos, de los cuales en gran manera gustaban aquellas gentes.

La rara habilidad de la Amarilis y su peregrina hermosura dieron ocasión a que le sucedieran en sus andanzas cómicas, cuando de pueblo en pueblo iba ejerciendo su oficio, algunas aventuras amorosas. Por ellas y por sus muchos amartelados y quizá poco correspondidos amantes, escribió Quevedo un romance que se lee en el Parnaso español, y en él aplica a la Amarilis los títulos más pomposos, y la supone dotada de las prendas más sobresalientes de los caballeros andantes. Dice así:


A MARÍA DE CÓRDOVA

Farsanta insigne conocida con el nombre de Amarilis



La belleza de aventura,
aquella hermosura andante.
La Caballere del Febo,
toda rayos y celajes:

Doña Nueve de la Fama,
si dejan que se desate,
y, en soltando sus facciones,
allá van los Doce Pares.

La que en un golpe de vista [5]
no hay gigantón que no parte,
pensamiento que no ruede,
espíritu que no encante.

Ojos de la ardiente espada,
pues mira con dos Roldanes, [10]
Don Rosicler sus mejillas,
Don Florisel su semblante.

La que deshace los tuertos,
la que los ciegos hace,
siendo de Cupido y Venus [15]
epílogo de hijo y madre:

Y para quien los pastores,
Firagiles, Fierabrases,
Amadís para ninguno,
para todos Durandarte, etc. [20]


No con tanta cortesanía la trató el conde de Villamediana, don Juan de Tasis, aquel hijo tan corto de ventura del conde de Oñate, quien, como dice Pellicer, no la perdonó ni lo ilustre de sus apellidos ni su extraordinaria hermosura. Escribió, al parecer, el conde su romance cuando los años iban eclipsando ya la hermosura de la celebrada Amarilis, época oportuna que suelen aprovechar para vengarse los amantes desdeñados. En efecto, la dice:

Ya en el espejo del tiempo
se miran y desengañan,
desahuciados de hermosura,
los juanetes de tu cara.

Y los claros apellidos [5]
poco acreditan tu casa,
que el Vega no es de Toledo,
ni el Córdoba es de Granada.

·············································

Si te acoges al teatro,
tu satisfacción enfada, [10]
pues quieres que el sol tirite,
pues quieres que el sol tirite,

De los aplausos vulgares
que la Corte un tiempo daba
a tus romanzones largos, [15]
que adornan telas de Italia,

ya te van sisando muchos.
Todo se muda y acaba,
volando pasan las horas
y más las que son menguadas. [20]

No les parezcas en serlo,
que, por lo orate, no falta
quien diga que les pareces,
y pienso que no se engañan.

·············································


Casó la célebre Amarilis con Andrés de la Vega, uno de los cinco fundadores de la Cofradía de Nuestra señora de la Novena, patrona de los actores, el cual fue conocido como representante y autor de comedias.

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