“ENSAYOS BIOGRÁFICOS LITERARIOS. El marqués de Villena”
- Autor del texto editado
- Sin firma
- Título de la obra
- El espósito: revista semanal de literatura, ciencias, artes, modas y teatros, n.º 19, 29 de enero de 1847
- Autor de la obra
- Díez Fernández de Córdoba, Manuel (dir.)
- Edición
- Cádiz:
Imprenta de la Casa de Misericordia,
1847
- Paginación
- pp. 150-151
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar del Internet Archive. (texto completo)
Información técnica
Transcriptor: Isabel Román Gutiérrez
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
Editor: Pedro Ruiz Pérez
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 22 julio 2024
ENSAYOS BIOGRÁFICOS LITERARIOS
El marqués de Villena
Don Enrique de Aragón —marqués de Villena— floreció en el reinado de don Juan II de Castilla. Fue uno de los hombres más instruidos del siglo XV, y muy aplaudido en su tiempo en las cortes de Castilla y Aragón por sus extensos conocimientos tanto en letras humanas como en ciencias físicas y matemáticas, por cuya causa el vulgo, y aun el mismo rey, lo tenía por brujo o nigromántico. Puede decirse fue el primero que escribió dramas en España. En el año 1414 —según el cronista Gonzalo García de Santa María— se representó en Zaragoza una comedia alegórica suya, en la coronación de don Fernando El Honesto, rey de Aragón, a presencia del rey y la reina, de la nobleza de aquel reino y grandes de Castilla que concurrieron a tal solemnidad.
Ninguna noticia existe por la que pueda saberse el título de esta comedia; solo se ha conservado que las personas que alternaban en ella eran la Justicia, la Paz, la Verdad y la Misericordia.
Además, compuso Villena muchas poesías, canciones y diálogos. De estos últimos parece que se representaron algunos. Escribió el primer ensayo de poética conocido en lengua castellana, titulado Arte de trovar, o Gaya ciencia. Los únicos fragmentos que conocemos de esta obra son los que Mayans ha dado a luz. EI Arte cisoria, un poema de los Trabajos de Hércules, una traducción de la Divina comedia de Dante, otra de la Eneida de Virgilio, la primera traducción de este poema en lengua vulgar, y otra del tratado De oratore de Cicerón y algunos otros escritos: he ahí la lista de las obras de un hombre que marchó atrevidamente delante de su siglo, sin temor a las vulgares creencias y supersticiones de un pueblo que aún no había sacudido su ignorancia.
Murió Villena en 1434, y la preciosa biblioteca que tenía fue a poder del rey, quien comisionó a un tal fray Lope de Barrientos para que la expurgase. Fernán Gómez de Cibdarreal, en la epístola 66 de su Centón epistolario, nos ha dejado una curiosa noticia del destino que sufrieron los libros de nuestro autor: “No le bastó —dice— a don Enrique de Villena su saber para no morirse, ni tampoco le bastó ser tío del rey para no ser llamado por encantador. Dos carretas son cargadas de los libros que dejó, que al rey han traído. E porque diz que son mágicos e de artes no cumplideras de leer, el rey mandó que a la posada de fray Lope de Barrientos fuesen llevados. Fray Lope, que más se cura de andar de príncipe que de ser revisor de nigromancias, fizo quemar más de cien libros, que no los vio él más que el rey de Marruecos, ni más los entiende que el deán de Cidad Rodrigo, ca son muchos los que en este tiempo se fan dotos, faciendo a otros insipientes e magos: e peor es que se facen beatos, faciendo a otros nigromantes”.
Es muy probable que entre los cien libros quemados que dice Fernán Gómez sufriría esta suerte el Arte de trovar y la comedia alegórica de que hemos hecho mención. Este acto prueba evidentemente la superstición y la ignorancia de aquellos tiempos. Casi todos los escritores antiguos y modernos han lamentado siempre y con razón la pérdida de esos libros, que hubieran sido uno de los muchos monumentos preciosos de nuestra literatura. Juan de Mena, en su Laberinto, dedicó a este asunto la copla 129:
...Otra y aun otra vegada yo lloro
porque Castilla perdió tal tesoro,
no conocido delante la gente.
Perdió los tus libros sin ser conocidos,
y como en exequias te fueron ya luego [5]
unos metidos al ávido fuego
y otros sin orden no bien repartidos.
Cierto en Atenas los libros fingidos
que de
Protágoras
se reprobaron
con cerimonia mayor se quemaron [10]
cuando al Senado le fueron leídos.