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Prensa y canon · Biografías

“Estudios literarios. El venerable maestro Juan de Ávila”

Autor del texto editado
Ochoa, Carlos de
Título de la obra
El Iris. Periódico semanal de ciencias, literatura y teatros, nº 1, 05/05/1858
Autor de la obra
Granés Rodríguez, Salvador María (dir.)
Edición
Madrid: Imprenta de don J. M. Nierto y Zea, 1858
Paginación
p. 3
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Hemeroteca Digital Hispánica. (texto completo)
Información técnica
Editor: Victoria Aranda Arribas
Encoding: Noelia Santiago López
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
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Córdoba, 22 julio 2024

ESTUDIOS LITERARIOS

El venerable maestro Juan de Ávila


Nació este siervo de Dios en Almodóvar del Campo, arzobispado de Toledo, el año 1502. Descendiente de una de las familias más honradas y ricas de aquel pueblo, apenas cumplidos los catorce años de edad, es decir, en 1516, le envió su padre a la Universidad de Salamanca, en donde se dedicó al estudio de la jurisprudencia. Pero al poco tiempo de haber empezado esta carrera se sintió arrebatado de un particular llamamiento de Dios para seguir otro rumbo diferente. Restituido a la casa de sus padres, retirose en un aposento apartado, y en aquel retiro empezó su áspera y penitente vida, en que perseveró casi tres años. Pasando por allí un religioso franciscano, maravillado de tan extremada virtud en tan temprana edad, aconsejó a su padre que le enviase a la Universidad de Alcalá, donde hizo sus estudios eclesiásticos y se ordenó de sacerdote, dedicándose desde aquel momento a la predicación, después de haber repartido entre los pobres la hacienda que heredó de sus padres. Fueron teatro de sus tareas evangélicas Sevilla, Córdoba, Granada y otros muchos pueblos de Andalucía. De resultas de tan continuo y eficaz trabajo, a la edad de cincuenta años comenzó a padecer penosas enfermedades que le tuvieron otros diez y siete con achaques y dolores, casi siempre postrado en cama, pudiendo solo exhortar a las religiosas en sus monasterios o dirigir cartas espirituales a varias personas para conducirlas por el camino de la virtud, teniendo fin su vida en la villa de Priego, el día 10 de mayo del año 1569. Su cuerpo fue enterrado en la Iglesia de la Compañía de Jesús.

A pesar de lo mucho que predicó el maestro Juan de Ávila, sus sermones han quedado perdidos para nosotros, pues ninguno dejó escrito. Todos fueron improvisados, siendo asombrosa su facilidad, hija más bien que del arte de una vivísima imaginación y de su santo entusiasmo. Las obras que han llegado hasta nosotros son: el tratado del salmo Audi, filia et vide; los veintisiete tratados del Santísimo Sacramento; dos Pláticas a los sacerdotes y las Cartas espirituales.

El estilo de sus epístolas es vehemente, patético y grave hasta la austeridad, campeando en ellas la grandeza de la lengua, que era en sus manos dócil instrumento a sus designios. Sin embargo, nótase con frecuencia demasiado desaliño en la dicción, trivialidad y pobreza en las figuras, dureza en algunos períodos, demasiada entonación en otros, y en otros finalmente demasiado decaimiento. Pero, a pesar de estos defectos, hijos tal vez de la precipitación y del descuido, se le debe considerar como un genio creador en el idioma místico castellano, que enriqueció con numerosas y enérgicas voces y locuciones a cuya melodía y magnificencia no estaban acostumbrados los oídos.



CARLOS DE OCHOA

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