Volver a los resultados

Biografías

«Comienza la vida del prudente y famoso fabulador Esopo, en suma, sin los cuentos vulgares»

Autor del texto editado
Arfe y Villafañe, Antonio de (1510 -1576)
Título de la obra
Vida y fábulas ejemplares del natural filósofo y famosísimo fabulador Esopo, figuradas y traducidas en rimas castellanas por Antonio de Arfe y Villafañe, natural de León,
Autor de la obra
Arfe y Villafañe, Antonio de Esopo
Edición
Sevilla: Pedro Gómez de Pastrana, 1642
Paginación
ff. §4r-A3v
Fuentes
Transcripción realizada sobre el ejemplar de la Biblioteca Nacional de Madrid (R/31060)
Información técnica
Editor: Ángel Luis Castellano Quesada
Encoding: Fátima Rueda Giráldez
Edición preparada para el Proyecto I+D "La institución del Siglo de Oro. Procesos de construcción en la prensa periódica (1801-1868)" (SILEM III) PID2022-136995NB-I00 http://www.uco.es/investigacion/proyectos/silem/index.php
Este documento sigue los criterios y lenguaje cifrado de TEI http://www.tei-c.org/About/website.xml
Sevilla, 25 agosto 2025

COMIENZA LA VIDA DEL PRUDENTE Y FAMOSO FABULADOR ESOPO, EN SUMA, SIN LOS CUENTOS VULGARES

En las partes de Frigia, en el Oriente,
donde la antigua Troya fue fundada,
en la villa de Amonia, en la corriente
del celebrado Janto sitüada,
nació un disforme mozo, que a la gente 5
tenía su fealdad grande admirada,
porque era muy pequeño y cabezudo,
giboso, pernituerto y tartamudo.
Este se llama Esopo, el cual, creciendo,
a todos en saber sobrepujaba. 10
Cautivo fue y, andándole vendiendo,
Aristes Ateniense lo compraba.
El cual, por cosa inútil lo teniendo,
a cavar una huerta lo envïaba,
y así anduvo en Atenas destraído 15
gran tiempo, sin que fuese conocido.
Después de muchos días ya pasados,
Zenas, el cachicán de los obreros,
como era en casa ya de los privados,
a Esopo castigó; y sus compañeros, 20
mostrándose por esto algo agraviados,
dicen que no les haga tantos fieros,
que lo dirán a Aristes, sin embargo,
para que le despida o quite el cargo.
Zenas, muy temeroso, pide luego 25
al amo que, si quiere bien servirse
y ver todos los suyos en sosiego,
que Esopo importa mucho despedirse.
Aristes, que en creerle estaba ciego,
luego se lo creyó, y dejó rendirse, 30
y diolo al mismo Zenas, que lo venda
y haga de él como de su hacïenda.
Vendiolo a un mercader que trata en grueso
para llevar los cargos que comprase,
y partiose a una feria de allí a Efeso, 35
donde, como a la plaza lo sacase,
a todos su fealdad dejó sin seso,
que no hay quien sin reírse le mirase.
No pudiendo venderlo, por ser feo,
a Samún se embarcó en el mar Egeo. 40
Comprolo allí en Samún Jantus, un viejo
filósofo, orador muy celebrado,
de gran prudencia, letras y consejo,
aunque con mujer moza era casado.
Esta sola ocasión le fue aparejo 45
para no ser de todos respetado,
porque aun de sus discípulos no lo era,
ni de su casa, ni de los de fuera.
Con este vivió Esopo muchos días,
pasando muchos cuentos singulares, 50
muchos donaires, pleitos y porfías,
que dejo de contar por ser vulgares.
Y al cabo, en unos juegos y alegrías,
juntándose en Samún otros lugares,
un águila bajó con gran denuedo 55
y un anillo al jüez quitó del dedo.
Y, volando con él un poco en alto,
bajó y púsolo a Esopo dentro el seno.
A algunos dio el agüero sobresalto,
que casi todos juzgan no ser bueno, 60
y a Jantus, que de ingenio no era falto,
aunque el pronosticar le es muy ajeno,
le piden lo declare; y fue a estudiarlo,
para el siguiente día declararlo.
Viéndolo estar Esopo congojado, 65
le dijo que le diese el cargo de ello
y que otro día dijese en el senado
que adivino no es para sabello;
mas que tiene un esclavo, que ha comprado,
que se ha ejercitado más en ello 70
y lo declarará, que es agorero,
aunque de talle rústico y grosero.
Jantus, el día siguiente, luego vino
y dijo que esta ciencia no entendía,
mas que un esclavo suyo es adivino, 75
que, si quieren, que ante ellos lo trairía.
Luego, con la presteza que convino,
el pueblo le conoce y se reía,
diciendo que harto agüero era su gesto
y haber nacido así tan mal dispuesto. 80
Respondioles Esopo: «No miremos
la hechura del cuerpo solamente,
que muchos malos cuerpos hallaremos,
y alguno en muchas ciencias eminente.
La habilidad del hombre procuremos, 85
que, si la tiene, a todo es suficiente».
El pueblo se disculpa y le ha rogado
les declare el pronóstico pasado.
Responde: «Cualquier ruego será en vano,
si no me dais la fe de libertarme. 90
Si queréis que el agüero os muestre llano,
para que mejor pueda declararme,
haced que Jantus, pues está en su mano,
quiera aquí ante vosotros ahorrarme».
Y Jantus lo cumplió, por ruego de ellos, 95
y así, libre, les dijo, estando entre ellos:
«Varones de Samún, tened creído
que algún gran rey procura sujetaros,
que en la águila y anillo está entendido
y en el dármelo a mí para avisaros. 100
Y, cuando haya otros pueblos ya rendido,
procurará a vosotros apremiaros».
Los pueblos de le oír se han admirado
en ver su triste agüero declarado.
Dende a poco vinieron mensajeros 105
del rey Creso de Libia, que mandaba
obedezcan sus leyes y sus fueros;
si no, que así por ellos avisaba
que, con un campo entero de guerreros,
batalla les dará campal y brava. 110
El senado temió, como esto oyese,
y a Esopo dan la voz, que respondiese.
Díjoles: «Decí al rey que este senado
nunca de sujeción tuvo costumbre,
que natura dos sendas le ha mostrado, 115
que son de libertad y servidumbre.
Por libertad pondrán vida y estado;
la sujeción les da gran pesadumbre.
Por tanto, a Creso le diréis no trate
de tener con nosotros tal debate». 120
El rey, con mucha cólera encendido,
quiso ponerse en armas contra ellos;
que, como su respuesta hubo sabido,
por fuerza determina sometellos.
«Si fuese el cauteloso y atrevido 125
Esopo echado fuera de con ellos»,
dicen los mensajeros, «fácilmente
sujetarías toda aquella gente».
El rey les escribió luego otra carta
y dice envíen a Esopo para velle 130
y que de lo pedido ya se aparta,
que quiere holgar con él y conocelle.
«Solo porque la guerra se desparta»,
dice Esopo, «iré luego a obedecelle».
Y él y los mensajeros se embarcaron 135
y a Libia en pocos días arribaron.
Presentose ante el rey, y él dice airado:
«¿Este es parte que a mí no me obedezcan
todos los de Samún?». Y él, mesurado,
le responde: «Rey justo, no perezcan 140
mis días ante ti; y, pues me has llamado,
mis disculpas permite que parezcan,
pues con seguro quise complacerte
y vengo no a dañarte ni ofenderte.
Soy un hombre sencillo e inocente, 145
sin cuerpo, ni sin fuerza, ni destreza.
Hablo cosas algunas a la gente,
según el pronto ingenio me endereza».
Perdió el rey el rencor muy fácilmente.
Dice le hará merced sin estrecheza, 150
que lo que le pidiere le habrá dado.
Y él pide que Samún sea libertado.
El rey se lo otorgó como propuso,
y a Esopo le dejó muy obligado.
Y allí en Libia las Fábulas compuso 155
y al mismo rey las hubo presentado.
Por lo cual, de envïalle se dispuso
con francos privilegios al senado,
y luego se embarcó y vino a Samún,
donde dio gran contento en el común. 160
Sálenle a recibir todas las gentes,
dejándose las calles adornadas
con mil juegos y danzas diferentes,
que füeron para él solo ordenadas.
Descubre en consistorio las patentes 165
y letras que del rey les trae firmadas,
en que les da por libres de tributos
y de cumplir preceptos ni estatutos.
Después de ido de allí, se fue vagando
por naciones diversas y remotas, 170
cosas muy provechosas enseñando,
que a los hombres les eran muy inotas.
Y, al fin a Babilonia ya llegando,
siendo a Licurgo rey sus cosas notas,
le detuvo en su casa y regalaba, 175
y con él varias cosas platicaba.
Los reyes de aquel tiempo acostumbraban
envïar siempre enigmas ingeniosas,
y los que su sentido no aclaraban
pagaban o tributo o otras cosas. 180
Y, como ya de Esopo confïaban
que era docto en las cosas fabulosas,
al rey ennobleció con las respuestas
y otras que envïó por él propüestas.
Deseando ir a ver la Antigua Grecia, 185
licencia al rey Licurgo demandaba,
y él se la concedió, que mucho precia
darle gusto cuando algo le rogaba.
Y dejarle ir se le hace cosa recia,
y por esto palabra le tomaba 190
que luego a Babilonia se volviese
y esté con él el tiempo que viviese.
Andándose por Grecia entreteniendo,
renombre por sus Fábulas ganando,
a la ciudad de Delfo al fin viniendo, 195
la gente iba tras él siempre escuchando.
Mas, honra ni regalo no le haciendo,
entiende que le van poco estimando
y díceles: «Ay, Delfos, yo entendía
que mayor discreción en Delfo había». 200
Los delfos, muy corridos de lo oído:
«Este», dicen, «como ha sido estimado
y en otros reinos siempre socorrido,
no le precian acá, habranos culpado;
dirá que no hay en Delfo hombre entendido, 205
y habralo con sus Fábulas probado.
Bien es que con acuerdo lo miremos
y, antes que nos afrente, le matemos.
Levantémosle un crimen alevoso,
por do merezca muerte irremisible; 210
que hacerlo por justicia será honroso,
y muerte por violencia es caso horrible».
Y Esopo, de irse a Libia deseoso,
por parecerle Delfo muy movible,
en los cofres do lleva su tesoro 215
le meten con secreto un vaso de oro.
Y a Fócida se fue, mas le siguieron
los delfos con gran grita y alarido.
Luego que le alcanzaron, le prendieron,
diciéndole que el vaso había escondido. 220
Los cofres que llevaba se le abrieron
y ven el vaso dentro estar metido.
Y en la cárcel le ponen a recado,
y a muerte corporal fue condenado.
Sácanle a despeñar por acabarle, 225
y él que muere sin culpa va diciendo.
El pueblo aprieta mucho por culparle,
y él íbalos a todos desmintiendo.
Súbenle en un peñón para arrojarle,
donde halló la müerte allí cayendo. 230
Y así dio fin Esopo a sus cuidados,
pues con morir quedaron acabados.
Los príncipes de Grecia, que supieron
cuán cruda muerte a Esopo hubieron dado,
a Delfos todos juntos se vinieron 235
y, habiendo aquel delito averiguado,
castigo horrendo y áspero hicieron
en cualquiera que en ello fue culpado.
Y vengaron su muerte los estraños,
quedando de él la fama muchos años. 240




FIN DE LA VIDA DE ESOPO

Volver a los resultados